¡Querida amiga! Son muchas, por ventura, las veces que te has acordado de mí en la publicación de tu poesía y tal vez por eso no tenía en la memoria que este poema lo hiciste público en la primavera del 2017, sí que tenía y tengo el poema bien presente porque sabes cómo archivo tus composiciones y que cada vez que voy en busca de Lope en una de mis fuentes te encuentro allí con esta maravilla. Fui a Lope, una vez más y allí estaba este poema, en un papel que nota algo ya el paso del tiempo, y ahora lo he visto mejor. He citado en este comentario tus versos, mi comentario que en el transcurrir de los años que han pasado tiene la actualidad que ahora se multiplica de nuestra amistad, y también he citado el comentario del gran Maldonado que nos dejó. Si tuviera que comentar el fondo del poema ahora a lo que dije entonces añadiría dos cosas. Primero que eres maestra de la lírica y del empleo del lenguaje y tal vez tengas algo de pitonisa porque vislumbraste que aquella crisálida que se formaba, metáfora de nuestra amistad, se iba a convertir en la colorida hermosura de una mariposa que representa a nuestra amistad fortalecida y embellecida con cada encuentro de ahora. Viste, por lo tanto el futuro que nos ha llenado de fortuna con esta fraternal amistad. Segundo añadiría –para matizar como empezaba entonces al referirme al celofán de tu regalo– que el poema viene envuelto en delicadísimos heptasílabos y prefectos endecasílabos italianos, –cuatro cuento ahora– todos heroicos, y que su conjunto forma una silva arromanzada de una altura lirica y técnica enorme, dejando en doce versos una delicatessen poética de tu factoría que, tal vez, por estar imbuida de la ciudad, de nuestra ciudad, tal vez por la cercanía de la esencia lorquiana o los "tal vez" que quieras, alcanza esas cotas. Después del abril aquel de 2017 me has regalado muchas veces más tu poesía que la llevo en el alma y al lado de mis poetas predilectos. Un encuentro muy gozoso, por lo tanto tuve a ir a ver a Lope, insisto.
Un grandísimo abrazo, este, si cabe con la emoción de lo evocado, exponencialmente multiplicado. Siempre, desde entonces y ahora, tuyo,
Salva.