Y podría contar los minutos
para castigarme más,
insisto y no lo oculto
sin tener apenas libertad.
Ha sido un trance doloroso
al son de pinchazos y sangre,
derramo lágrimas en mis ojos
intento olvidarlo de mi mente.
Fueron pasando los días
en una extraña noche oscura,
adonde nadie me veía
cuarenta y un día y la hartura.
Cuando mi piel dijo basta,
el suspiro morado apareció
me quedó una sombra vana,
y la letanía de mi corazón.
Por una extraña manera,
le pido al viento escuchar
vuela sobre mi cabellera,
un vago canto a la humildad.