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Poeta adicto al portal
Fue sueño ayer...mañana será tierra
Francisco de Quevedo
Francisco de Quevedo
Despedida (tercetos de otoño)
I-
He oído ya el moribundo susurro del estío,
el eterno y lóbregue estertor de las sombras del valle;
he llamado al fin de las tardes ahogándome en el río.
Palidecí cual lirio en mi fosa bajo el gran muelle;
en el otoño de los féretros, bajo el imponente astro
sollocé a la muerte, y caí como un mendigo en la calle.
Aún hoy veo las dunas caídas en los montes de alabastro
o a las brisas de la mañana palidecer en las ventanas;
oigo aún los tibios acordes descendiendo a mi antro.
Oigo aún el aullido de muerte y el tintineo de las campanas
del bosque; o al sol cayendo en el monte, cuyo fulgor viste
el abismo de inciensos muertos en las tristes mañanas.
¡Ya es otoño! Y agonizan los senderos bajo el crepúsculo triste,
y oyen los lirios del muelle al navío que parte hacia alta mar;
y el rocío lagrimea al alba como un sol que a la noche resiste.
II-
Va blandiendo la noche el puñal que a los ojos hiere,
sólo lágrimas son mis versos en un papel condenado;
en tintas de un espectro que lentamente muere.
Mas son acordes fríos en canciones de un abismo despeñado
bajo tristes laúdes, los que en mis noches cantan,
y el zorzal permanece en el ciprés aterido, callado.
Son efímeros los viajes de alcohol que al olvido me atan;
falsos elixires de un sueño dormido en la tumba de lo incierto,
cuyo pueblo de ángeles grandes telarañas de ensueño desatan.
¡Ya es otoño! Ya está el navío con el manto crepuscular cubierto;
Así me despido del sol, que en los campos su bendición reparte.
Dejo a los lirios mi arpa cansada, en las tumbas mi libro abierto.
Brama el mar bajo los faros, la luna sus fulgores vierte;
Los verdores del monte despiertan las luces del campanario.
Claveles sollozan al alba, el rocío trae en alas el deceso, la muerte.
-EMILIANO RUIZ DIAZ-
:: jaja, que mamila que mamila
:: .... Grande , Grande , Grande!! en verdad... Respetos a usted y a su guitarra ::
:: y a sus firmas ::