Tus labios conocen el pulso de mis venas
el retozar de mi sangre,
el fuego estremecido de mi lengua.
La luna nos alumbra
con su cortejo de estrellas.
Se deslizan cautelosos,
caminan a tientas sobre la desnudez
del paisaje hacia el sur de mi cintura.
Mis labios se hacen nido en la espera,
como un eco lejano reclaman a los tuyos.
En una esquina cualquiera
madruga la ternura
y nos encuentra.
Ana Mercedes Villalobos