chc
Christian
Podés encajar en mis brazos con perfecta simetría,
y quedarte dormida sobre mi paciencia
sin que se contagie.
Mientras tanto calculo el peso de tu agenda,
que no se achica ante nadie.
Mientras tanto soy un verbo
que se conjuga a necesidad,
y vos el adjetivo necesario
que explica el cómo y el por qué;
la ciudadana ilustre de mi naciente ciudad
que derrama desgarradora simpatía,
y yo la junto para acrecentar la fe.
Podrías aventurarte a mirar con mis ojos
y no guarecerte bajo tus párpados,
espiar de vez en cuando la posibilidad.
Podrías empacharte de mí a tu antojo
y no ponerte a dieta,
o desayunarme, o merendarme y eso sí
que no haya calorías por demás.
Envainar el precepto que rige la dificultad
sería de bastante utilidad,
en lugar de ambientar curiosamente el hasta luego
con el color del mañana quizá.
Pisotear celosamente las razones de tu tierno basta
sería terapia beneficiosa
para el esfuerzo por saltar mis concienzudos intentos
de acapararte con mi mudo no me alcanza.
No es difícil de conseguir la pieza que le falta a tu coraje,
ni tampoco arruinar los planes del que intente convencerte;
mucho menos seguirme
cuidando que tu paso no se encaje;
y sencillo plagiar vergonzosamente
mi delirio de quererte.
Y no es justamente un juego
convertir el porque no en ¿por qué no?
Y es un buen comienzo el podrías,
y un apasionante intermedio el podés.
Y definitivamente un feliz descenlace
mirar tu incipiente sonrisa
que se escapa como respuesta
ante aquéllo que intuiste que seguro te diría:
No era tan imposible
¿Viste que pudiste?
y quedarte dormida sobre mi paciencia
sin que se contagie.
Mientras tanto calculo el peso de tu agenda,
que no se achica ante nadie.
Mientras tanto soy un verbo
que se conjuga a necesidad,
y vos el adjetivo necesario
que explica el cómo y el por qué;
la ciudadana ilustre de mi naciente ciudad
que derrama desgarradora simpatía,
y yo la junto para acrecentar la fe.
Podrías aventurarte a mirar con mis ojos
y no guarecerte bajo tus párpados,
espiar de vez en cuando la posibilidad.
Podrías empacharte de mí a tu antojo
y no ponerte a dieta,
o desayunarme, o merendarme y eso sí
que no haya calorías por demás.
Envainar el precepto que rige la dificultad
sería de bastante utilidad,
en lugar de ambientar curiosamente el hasta luego
con el color del mañana quizá.
Pisotear celosamente las razones de tu tierno basta
sería terapia beneficiosa
para el esfuerzo por saltar mis concienzudos intentos
de acapararte con mi mudo no me alcanza.
No es difícil de conseguir la pieza que le falta a tu coraje,
ni tampoco arruinar los planes del que intente convencerte;
mucho menos seguirme
cuidando que tu paso no se encaje;
y sencillo plagiar vergonzosamente
mi delirio de quererte.
Y no es justamente un juego
convertir el porque no en ¿por qué no?
Y es un buen comienzo el podrías,
y un apasionante intermedio el podés.
Y definitivamente un feliz descenlace
mirar tu incipiente sonrisa
que se escapa como respuesta
ante aquéllo que intuiste que seguro te diría:
No era tan imposible
¿Viste que pudiste?
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