Edith Elvira Colqui Rojas
Poeta recién llegado
Ibas a la oficina
temprano.
Llevabas pan para el hogar,
te cepillabas los dientes,
te dormías cansado:
melodía circular.
Pensabas ser feliz.
Reías con tus amigos
y pseudoamigos
en reuniones de trabajo
y de no trabajo;
tenías el sol entre tus dedos.
Creías que lo habías saboreado todo:
el amor y sus panecillos dulces,
la fruta agria del dolor,
el rumor del desengaño,
el triunfo de naranjas grandes,
los lentes y automoviles de marca.
Pero al final
entendiste:
estabas solo.
Y dijiste:
—Off…
este mundo no era mío.
temprano.
Llevabas pan para el hogar,
te cepillabas los dientes,
te dormías cansado:
melodía circular.
Pensabas ser feliz.
Reías con tus amigos
y pseudoamigos
en reuniones de trabajo
y de no trabajo;
tenías el sol entre tus dedos.
Creías que lo habías saboreado todo:
el amor y sus panecillos dulces,
la fruta agria del dolor,
el rumor del desengaño,
el triunfo de naranjas grandes,
los lentes y automoviles de marca.
Pero al final
entendiste:
estabas solo.
Y dijiste:
—Off…
este mundo no era mío.