Kirill Koshka
Poeta recién llegado
Rallando un trozo de queso,
las lágrimas bañaron la mesa,
Y solo la cabeza de un malvavisco,
mira orgullosa, como un águila tiesa.
—¿Té?
De un té no me voy a negar,
con cuidado me voy a acomodar;
Y ya se ralla el último trozo de queso,
el agua del hervidor cae con embeleso;
Es hora de irme para siempre;
se deshizo el malvavisco inerte
Y
la taza de té pendiente.
Piso tras piso bajo al portal,
me espera mi crucero final.
Y de nuevo la ventisca bramando,
tras de sí me va llamando;
Y la sinceridad:
Descompuesta,
como Colletto Fava.
las lágrimas bañaron la mesa,
Y solo la cabeza de un malvavisco,
mira orgullosa, como un águila tiesa.
—¿Té?
De un té no me voy a negar,
con cuidado me voy a acomodar;
Y ya se ralla el último trozo de queso,
el agua del hervidor cae con embeleso;
Es hora de irme para siempre;
se deshizo el malvavisco inerte
Y
la taza de té pendiente.
Piso tras piso bajo al portal,
me espera mi crucero final.
Y de nuevo la ventisca bramando,
tras de sí me va llamando;
Y la sinceridad:
Descompuesta,
como Colletto Fava.