Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
I
Cada gota de sangre
cae como un reloj que no perdona,
marca el tiempo de lo que fui
antes de romperme.
Yo caminaba entero,
con la voz limpia
y los sueños sin grietas,
sin saber que el amor
también aprende a herir.
Cada gota…
era promesa,
era pulso,
era vida que no dudaba.
II
Ahora cada gota de sangre
no cae:
recuerda.
Se arrastra por mi nombre,
se queda pegada a lo que quise salvar
y no supe.
Soy otro.
Uno que se arma
con lo que le queda.
Porque sangrar también es quedarse,
aunque todo invite a irse.
Y en este segundo tiempo,
cada gota
ya no mide lo que pierdo—
sino lo que aún
se niega
a morir.
Cada gota de sangre
cae como un reloj que no perdona,
marca el tiempo de lo que fui
antes de romperme.
Yo caminaba entero,
con la voz limpia
y los sueños sin grietas,
sin saber que el amor
también aprende a herir.
Cada gota…
era promesa,
era pulso,
era vida que no dudaba.
II
Ahora cada gota de sangre
no cae:
recuerda.
Se arrastra por mi nombre,
se queda pegada a lo que quise salvar
y no supe.
Soy otro.
Uno que se arma
con lo que le queda.
Porque sangrar también es quedarse,
aunque todo invite a irse.
Y en este segundo tiempo,
cada gota
ya no mide lo que pierdo—
sino lo que aún
se niega
a morir.