Poema para Sabines en su centenario

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
La muerte, a veces, es más dulce que el corazón de una madre,
más tierna que su corazón. Sólo que no se trata de eso.
Se trata de lo más importante:

de vivir.

Jaime Sabines (1926-1999)

Este poema no nació en la embajada de Japón
o en un claustro de Vacas Sagradas.
No tiene nacionalidad sino apenas un curso
de agua sucia que se abre paso
por las calles de cualquier mercado
del Líbano o de Chiapas.
Crece cuando más lo golpea la lluvia
hasta esconderse en las alcantarillas
donde al fin parpadea como el pabilo
de una columna de cera
para descubrir en una esquina
a dos que se yuxtaponen
para intentar la luz en la sangre meridiana
y logran el fuego
para morir quemados
en la tradición de la ceniza inquieta.
No es un poema atormentado por la erudición
que selecciona palabras en el escaparate
como quien se pone la lengua de corbata.
¡No!
Es un poema porque la materia prima
que lo constituye es la más barata de las artes,
no el óleo, no la escenografía, no el mármol:
la palabra, moneda corriente,
la más valiosa de las galaxias,
ganglio que pulsas con el aire
para respirar y que pronto acabe
para diferenciar el gozo.
Lo que se construye con la palabra, así, en singular,
para apuntalar dos o tres bocas
en el amasijo de los que se besan,
o al universo mismo para que no se caiga.
Todos los colores y ninguno,
todas las imágenes que se proyectan en el aire,
todas las formas que oculta en su interior
lo que llamamos piedra
y es poesía.
Este es tu poema, Jaime, porque no sabe ser otra cosa
que imitar a la vida y estar vivo.
Y la vida enamorada de la vida es perniciosa,
tan perniciosa que en contadas ocasiones
sobrevive por instantes al poeta
y lo eterniza.



25 de marzo de 2026
 
Última edición:
La muerte, a veces, es más dulce que el corazón de una madre,
más tierna que su corazón. Sólo que no se trata de eso.
Se trata de lo más importante:

de vivir.

Jaime Sabines (1926-1999)

Este poema no nació en la embajada de Japón
o en un claustro de Vacas Sagradas.
No tiene nacionalidad sino apenas un curso
de agua sucia que se abre paso
por las calles de cualquier mercado
del Líbano o de Chiapas.
Crece cuando más lo golpea la lluvia
hasta esconderse en las alcantarillas
donde al fin parpadea como el pabilo
de una columna de cera
para descubrir en una esquina
a dos que se yuxtaponen
para intentar la luz en la sangre meridiana
y logran el fuego
para morir quemados
en la tradición de la ceniza inquieta.
No es un poema atormentado por la erudición
que selecciona palabras en el escaparate
como quien se pone la lengua de corbata.
¡No!
Es un poema porque la materia prima
que lo constituye es la más barata de las artes,
no el óleo, no la escenografía, no el mármol:
la palabra, moneda corriente,
la más valiosa de las galaxias,
ganglio que pulsas con el aire
para respirar y que pronto acabe
para diferenciar el gozo.
Lo que se construye con la palabra, así, en singular,
para apuntalar dos o tres bocas
en el amasijo de los que se besan,
o al universo mismo para que no se caiga.
Todos los colores y ninguno,
todas las imágenes que se proyectan en el aire,
todas las formas que oculta en su interior
lo que llamamos piedra
y es poesía.
Este es tu poema, Jaime, porque no sabe ser otra cosa
que imitar a la vida y estar vivo.
Y la vida enamorada de la vida es perniciosa,
tan perniciosa que en contadas ocasiones
sobrevive por instantes al poeta
y lo eterniza.



25 de marzo de 2026
Yo no lo sé de cierto, pero supongo... que Jaime Sabines te calienta el alma y te desborda la palabra en chorros cuando llueve y te deja empapado. Maravilla de poema. Gracias por compartirlo.
 
La muerte, a veces, es más dulce que el corazón de una madre,
más tierna que su corazón. Sólo que no se trata de eso.
Se trata de lo más importante:

de vivir.

Jaime Sabines (1926-1999)

Este poema no nació en la embajada de Japón
o en un claustro de Vacas Sagradas.
No tiene nacionalidad sino apenas un curso
de agua sucia que se abre paso
por las calles de cualquier mercado
del Líbano o de Chiapas.
Crece cuando más lo golpea la lluvia
hasta esconderse en las alcantarillas
donde al fin parpadea como el pabilo
de una columna de cera
para descubrir en una esquina
a dos que se yuxtaponen
para intentar la luz en la sangre meridiana
y logran el fuego
para morir quemados
en la tradición de la ceniza inquieta.
No es un poema atormentado por la erudición
que selecciona palabras en el escaparate
como quien se pone la lengua de corbata.
¡No!
Es un poema porque la materia prima
que lo constituye es la más barata de las artes,
no el óleo, no la escenografía, no el mármol:
la palabra, moneda corriente,
la más valiosa de las galaxias,
ganglio que pulsas con el aire
para respirar y que pronto acabe
para diferenciar el gozo.
Lo que se construye con la palabra, así, en singular,
para apuntalar dos o tres bocas
en el amasijo de los que se besan,
o al universo mismo para que no se caiga.
Todos los colores y ninguno,
todas las imágenes que se proyectan en el aire,
todas las formas que oculta en su interior
lo que llamamos piedra
y es poesía.
Este es tu poema, Jaime, porque no sabe ser otra cosa
que imitar a la vida y estar vivo.
Y la vida enamorada de la vida es perniciosa,
tan perniciosa que en contadas ocasiones
sobrevive por instantes al poeta
y lo eterniza.



25 de marzo de 2026

Me ha obligado a ver quién narices es ese Sabines, y encontré este poema entre muchos otros. Muy bueno.

Cuando tengas ganas de morirte


Cuando tengas ganas de morirte
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos.
Quédate dos días sin comer
y verás qué hermosa es la vida:
carne, frijoles, pan.
Quédate sin mujer: verás.

Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete
y ya.


Me ha hecho gracia el poema, pero me ha encantado.

Salud2, Don Pedro. Cada día escribe usted mejor.

Abrazo cordial hasta ese México hermano y precioso.
 
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