Jorge Salvador
Poeta adicto al portal
He de serte sincero,
tengo tratos con otra va para ocho o diez meses;
pero no te me estreses
ni me montes un cirio;
no te quepa la duda, te idolatro y te quiero
más que al Betis incluso,
pero llevas un tiempo que me das más martirio
que un ejército ruso.
Por lo tanto he pensado que, si tú no te opones,
abandono la casa;
cálmate, todo pasa,
no te vengas abajo,
con el tiempo, ¿quién sabe? siempre quedan opciones
de que vuelva algún día,
pero ahora, aunque juro que me cuesta trabajo,
te abandono, María.
Los chiquillos se quedan, si eso ya me despides
y les dices con tacto que me encuentro indispuesto;
si preguntan, tú de esto
ni palabra y procura
recordarles que padre sólo hay uno; no olvides
cada noche tomarte las pastillas del riego
y condúcete siempre con paciencia y cordura,
que la vida es un juego.
El divorcio, si quieres, lo dejamos pendiente
de arreglar por si eso;
anda, ven, dame un beso,
cuídate, cuchufleta;
me voy yendo a los brazos de esa rubia imponente
que me tiene enviciado
y que siempre está lista, cuando el hambre me aprieta,
para darle un bocado.
(De repente un ronquido atronador, me despierto
y me doy de narices
con su aliento en los morros preguntando: -”¿Qué dices,
Sebastián? anda, duerme,
que parece que vengas de enterrar a algún muerto.”
Maldición, Dios bendito,
era un sueño, demonios, qué manera de hacerme
la puñeta esta vida por pensar con el pito...
tengo tratos con otra va para ocho o diez meses;
pero no te me estreses
ni me montes un cirio;
no te quepa la duda, te idolatro y te quiero
más que al Betis incluso,
pero llevas un tiempo que me das más martirio
que un ejército ruso.
Por lo tanto he pensado que, si tú no te opones,
abandono la casa;
cálmate, todo pasa,
no te vengas abajo,
con el tiempo, ¿quién sabe? siempre quedan opciones
de que vuelva algún día,
pero ahora, aunque juro que me cuesta trabajo,
te abandono, María.
Los chiquillos se quedan, si eso ya me despides
y les dices con tacto que me encuentro indispuesto;
si preguntan, tú de esto
ni palabra y procura
recordarles que padre sólo hay uno; no olvides
cada noche tomarte las pastillas del riego
y condúcete siempre con paciencia y cordura,
que la vida es un juego.
El divorcio, si quieres, lo dejamos pendiente
de arreglar por si eso;
anda, ven, dame un beso,
cuídate, cuchufleta;
me voy yendo a los brazos de esa rubia imponente
que me tiene enviciado
y que siempre está lista, cuando el hambre me aprieta,
para darle un bocado.
(De repente un ronquido atronador, me despierto
y me doy de narices
con su aliento en los morros preguntando: -”¿Qué dices,
Sebastián? anda, duerme,
que parece que vengas de enterrar a algún muerto.”
Maldición, Dios bendito,
era un sueño, demonios, qué manera de hacerme
la puñeta esta vida por pensar con el pito...