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Los grandes perros cruzan la calle sin pensarlo, las chinches cabalgan por su pelo y después se pasean por las piernas de tu hermana. Se sube las faldas a buscarlos, pero solo encuentra la mirada del amigo de César. Las chinches también son hijas de Dios, aunque a veces se duda del aserto.
Los grandes perros cruzan la calle sin pensarlo, las chinches cabalgan por su pelo y después se pasean por las piernas de tu hermana. Se sube las faldas a buscarlos, pero solo encuentra la mirada del amigo de César. Las chinches también son hijas de Dios, aunque a veces se duda del aserto.