Jorge Salvador
Poeta adicto al portal
Al comprobar la magnitud del ñordo,
Pepe se dijo: “Tate, aquí hay soneto;
qué zafarrancho, qué calor, qué aprieto,
¿todo eso cabe en este cuerpo tordo…?”
Era el zurullo a la sazón tan gordo,
que el inodoro le pidió respeto;
Pepe mirando el lodazal, discreto,
antes de ahogarse se bajó de a bordo…
No supo el pobre controlar su ojete,
lo que sumado a la ingestión suicida
de hambre y tocinos, provocó la huida
del raciocinio. Pobre aquel retrete,
dando la vida para darle entrada
sin conseguirlo, a aquella gran cagada…
Pepe se dijo: “Tate, aquí hay soneto;
qué zafarrancho, qué calor, qué aprieto,
¿todo eso cabe en este cuerpo tordo…?”
Era el zurullo a la sazón tan gordo,
que el inodoro le pidió respeto;
Pepe mirando el lodazal, discreto,
antes de ahogarse se bajó de a bordo…
No supo el pobre controlar su ojete,
lo que sumado a la ingestión suicida
de hambre y tocinos, provocó la huida
del raciocinio. Pobre aquel retrete,
dando la vida para darle entrada
sin conseguirlo, a aquella gran cagada…