Asklepios
Incinerando envidias
Rezos trenzados son en letanías
ahogados en católicas gargantas,
viajando frescas entre voces pías
enjoyadas con puras alabanzas.
Dios, atento, escucha satisfecho
a este pueblo suyo tan devoto,
y siente surgir, dentro de su pecho,
enorme gozo y un gran contento.
Así, en un momento, se decide
a repartir por la tierra su amor,
dádiva que a su pueblo divide
al surgir la envidia. ¡Oh, gran error¡
que me obliga a negarles, dice,
lo que, de corazón, era lo mejor.
Más será dicho, que jamás lo hice.
ahogados en católicas gargantas,
viajando frescas entre voces pías
enjoyadas con puras alabanzas.
Dios, atento, escucha satisfecho
a este pueblo suyo tan devoto,
y siente surgir, dentro de su pecho,
enorme gozo y un gran contento.
Así, en un momento, se decide
a repartir por la tierra su amor,
dádiva que a su pueblo divide
al surgir la envidia. ¡Oh, gran error¡
que me obliga a negarles, dice,
lo que, de corazón, era lo mejor.
Más será dicho, que jamás lo hice.