Asklepios
Incinerando envidias
Fue por tu sonrisa interminable y cálida,
que ante ti caí rendido.
O fue por ese mirar ilimitado y acogedor,
con el que tanto me enseñabas…
Sospecho, también, que algo tuvo que ver
el ritmo de tu verbo, elegante, pausado …
Jamás me sentí capaz de saber cuál de estos motivos
fue el que más, a ti me encadenaba. Sin contar
con esa infinidad de razones más, que a ti me
condenaban.
Ahora, tras todo el tiempo pasado, que no ha
conseguido que nada olvidara, es el inmenso peso de
esta cruel distancia que nos separa, la que me
deja sin fuerzas, sin fe, que apenas ya me sirven de nada.
Es el poder que tiene el tiempo; es el no volver a
saber de ti, nada… es la distancia… Es tu indiferencia,
que nunca imaginé, me iba a ser por ti regalada.
que ante ti caí rendido.
O fue por ese mirar ilimitado y acogedor,
con el que tanto me enseñabas…
Sospecho, también, que algo tuvo que ver
el ritmo de tu verbo, elegante, pausado …
Jamás me sentí capaz de saber cuál de estos motivos
fue el que más, a ti me encadenaba. Sin contar
con esa infinidad de razones más, que a ti me
condenaban.
Ahora, tras todo el tiempo pasado, que no ha
conseguido que nada olvidara, es el inmenso peso de
esta cruel distancia que nos separa, la que me
deja sin fuerzas, sin fe, que apenas ya me sirven de nada.
Es el poder que tiene el tiempo; es el no volver a
saber de ti, nada… es la distancia… Es tu indiferencia,
que nunca imaginé, me iba a ser por ti regalada.