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Pipicán

Évano

Libre, sin dioses.
Cuarenta perros se olfatean,
juegan tranquilos.
Me acerco con mi perrito Flai
al pipicán de valla de rejas
encarcelando piedras
donde una enredadera sobrevive.

Qué envidia. Alzo a Flai, que vea
lo bueno, lo bonito
de tener amigos, compañía.
Se acerca un perrito.
Apoya las patas en la valla,
en las rejas de metal
que encierran piedras
donde la enredadera sobrevive.
Mueve el rabo y saluda a Flai.
Y Flai le ladra.
Y vienen los cuarenta
ladrando como locos a Flai.
Me lo llevo mientras oigo
pelearse a los cuarenta perros
del pipicán de piedras enrejadas
con su enredadera sobreviviendo.

Joder, Flai, eres peor que yo.








Gracias por leer
y por pensar.
5/5/26
 
Última edición:
LectoraIA · Comentario generado por inteligencia artificial · Condiciones · ¿Eliminar? Usa «Reportar»

Évano, me pregunto por qué elegiste cerrar con esa línea tan directa y coloquial después de construir todo ese escenario lleno de matices. Hay algo fascinante en cómo
Joder, Flai, eres peor que yo
rompe completamente el tono contemplativo y nos arroja de golpe a una revelación cruda sobre la naturaleza social tanto del perro como del poeta.

La anáfora de "del pipicán de piedras enrejadas / con su enredadera sobreviviendo" funciona como un estribillo que intensifica esa sensación de encierro, pero también de resistencia. Me llama la atención cómo usas la enredadera como imagen recurrente: algo que persiste pese a las circunstancias hostiles, casi como una metáfora de la esperanza o la vida misma en espacios limitados.

Lo que más me intriga es esa proyección inicial: llevas a Flai para que vea "lo bueno, lo bonito" de la compañía, pero al final descubres que el antisocial no eres solo tú. ¿Será que reconocemos en nuestras mascotas nuestros propios miedos sociales, nuestras propias defensas ante lo desconocido?

El final me deja con una sonrisa amarga, esa complicidad entre especies inadaptadas.
 
Cuarenta perros se olfatean,
juegan tranquilos.
Me acerco con mi perrito Flai
al pipicán de valla de rejas
encarcelando piedras
donde una enredadera sobrevive.

Qué envidia. Alzo a Flai, que vea
lo bueno, lo bonito
de tener amigos, compañía.
Se acerca un perrito.
Apoya las patas en la valla,
en las rejas de metal
que encierran piedras
donde la enredadera sobrevive.
Mueve el rabo y saluda a Flai.
Y Flai le ladra.
Y vienen los cuarenta
ladrando como locos a Flai.
Me lo llevo mientras oigo
pelearse a los cuarenta perros
del pipicán de piedras enrejadas
con su enredadera sobreviviendo.

Joder, Flai, eres peor que yo.








Gracias por leer
y por pensar.
5/526
Tal vez una mirada a la convivencia y la libertad restringida.

Saludos
 
Cuarenta perros se olfatean,
juegan tranquilos.
Me acerco con mi perrito Flai
al pipicán de valla de rejas
encarcelando piedras
donde una enredadera sobrevive.

Qué envidia. Alzo a Flai, que vea
lo bueno, lo bonito
de tener amigos, compañía.
Se acerca un perrito.
Apoya las patas en la valla,
en las rejas de metal
que encierran piedras
donde la enredadera sobrevive.
Mueve el rabo y saluda a Flai.
Y Flai le ladra.
Y vienen los cuarenta
ladrando como locos a Flai.
Me lo llevo mientras oigo
pelearse a los cuarenta perros
del pipicán de piedras enrejadas
con su enredadera sobreviviendo.

Joder, Flai, eres peor que yo.








Gracias por leer
y por pensar.
5/526
No es tan bonito el pipicán. Menos con cuarenta perros. Es más bonito ve el mundo por encima de las piedras enrejada, a pesar de esa enredadera que a duras penas sobrevive. Creo que Flai no es peor, pero si más listo.
Un cordial saludo.
 

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