• Nuevo Hazte Mecenas sin publicidad, blog propio, y apoya la poesía en español. Mi Libro de Poesía · Métrica Española (beta)

Decir mi nombre no basta

Elfantasmalector

Poeta recién llegado
No sé en qué momento te empecé a perder
sin que te fueras.

No sé en qué día exacto
dejé de ser suficiente para existir en tu memoria,
aunque siga parada frente a ti.

Dices mi nombre…
y debería bastarme,
debería ser un alivio,
pero no lo es.

Porque lo dices
y luego me miras como si algo estuviera mal,
como si mi cara no coincidiera
con la que guardas en tu cabeza.

Y entonces dices que no soy.

Y lo dices con seguridad,
con molestia,
como si yo fuera un error
que alguien puso en tu vida por equivocación.

Y yo me quedo ahí,
tragándome las ganas de llorar,
repitiéndote despacio que sí soy,
como si eso pudiera alcanzarte.

Pero no te alcanza.

Y eso me destruye de una forma
que no sé explicar sin sentir que me parto.

Porque no es que me olvides…
es que me rechazas sin querer,
es que algo dentro de ti
me borra mientras yo sigo aquí.

Y yo no sé cómo luchar contra eso.

No sé cómo competir
contra una versión de mí
que se quedó pequeña en tu memoria.

Tal vez te quedaste en ese tiempo
donde yo cabía en tus brazos,
donde no había dudas,
donde no había que explicarte nada.

Tal vez para ti sigo siendo esa persona
que te pedía todos los días
que le contaras la historia
de cómo te enamoraste.

Y tú sonreías…
Dios, cómo sonreías.

Como si ese recuerdo
fuera lo único que el tiempo no podía tocar.

Decías que fue tu risa,
que no hiciste nada especial,
como si no supieras
que tu forma de amar lo era todo.

Y yo te escuchaba
como si el amor tuviera tu voz,
como si algún día yo también
pudiera querer así.

Y ahora…
ahora soy yo quien te mira,
quien se queda,
quien intenta alcanzarte
aunque cada día estés más lejos.

Y es tan injusto.

Es tan injusto tener que decirte quién soy,
tener que defender mi lugar en tu vida,
tener que ganarme algo
que siempre fue mío.

Es tan injusto que me digas que no soy,
que te enojes,
que me mires como si no me conocieras
cuando yo te conozco en cada detalle.

Y aún así… me quedo.

Me quedo aunque me rompa,
aunque cada palabra tuya me duela,
aunque cada duda tuya
me quite un pedazo.

Porque cuando tomo tu mano,
algo cambia.

Algo en ti se calma,
algo en mí se sostiene,
como si el amor todavía supiera el camino
aunque tu memoria se haya perdido.

Y me aferro a eso
como si fuera lo único que queda,
como si fuera suficiente
para no deshacerme por completo.

Pero hay días…
días en los que no puedo más.

Días en los que me pregunto
cuántas veces voy a tener que perderte
antes de que te vayas de verdad.

Días en los que siento
que te estoy despidiendo en vida,
que te estás yendo poco a poco
y yo tengo que quedarme viendo.

Y eso…
eso es lo que más duele.

No perderte de golpe,
sino verte desaparecer
mientras todavía respiras.

Y yo aquí…
siguiendo,
insistiendo,
repitiéndote que soy,
aunque tú ya no puedas quedarte conmigo.
 
No sé en qué momento te empecé a perder
sin que te fueras.

No sé en qué día exacto
dejé de ser suficiente para existir en tu memoria,
aunque siga parada frente a ti.

Dices mi nombre…
y debería bastarme,
debería ser un alivio,
pero no lo es.

Porque lo dices
y luego me miras como si algo estuviera mal,
como si mi cara no coincidiera
con la que guardas en tu cabeza.

Y entonces dices que no soy.

Y lo dices con seguridad,
con molestia,
como si yo fuera un error
que alguien puso en tu vida por equivocación.

Y yo me quedo ahí,
tragándome las ganas de llorar,
repitiéndote despacio que sí soy,
como si eso pudiera alcanzarte.

Pero no te alcanza.

Y eso me destruye de una forma
que no sé explicar sin sentir que me parto.

Porque no es que me olvides…
es que me rechazas sin querer,
es que algo dentro de ti
me borra mientras yo sigo aquí.

Y yo no sé cómo luchar contra eso.

No sé cómo competir
contra una versión de mí
que se quedó pequeña en tu memoria.

Tal vez te quedaste en ese tiempo
donde yo cabía en tus brazos,
donde no había dudas,
donde no había que explicarte nada.

Tal vez para ti sigo siendo esa persona
que te pedía todos los días
que le contaras la historia
de cómo te enamoraste.

Y tú sonreías…
Dios, cómo sonreías.

Como si ese recuerdo
fuera lo único que el tiempo no podía tocar.

Decías que fue tu risa,
que no hiciste nada especial,
como si no supieras
que tu forma de amar lo era todo.

Y yo te escuchaba
como si el amor tuviera tu voz,
como si algún día yo también
pudiera querer así.

Y ahora…
ahora soy yo quien te mira,
quien se queda,
quien intenta alcanzarte
aunque cada día estés más lejos.

Y es tan injusto.

Es tan injusto tener que decirte quién soy,
tener que defender mi lugar en tu vida,
tener que ganarme algo
que siempre fue mío.

Es tan injusto que me digas que no soy,
que te enojes,
que me mires como si no me conocieras
cuando yo te conozco en cada detalle.

Y aún así… me quedo.

Me quedo aunque me rompa,
aunque cada palabra tuya me duela,
aunque cada duda tuya
me quite un pedazo.

Porque cuando tomo tu mano,
algo cambia.

Algo en ti se calma,
algo en mí se sostiene,
como si el amor todavía supiera el camino
aunque tu memoria se haya perdido.

Y me aferro a eso
como si fuera lo único que queda,
como si fuera suficiente
para no deshacerme por completo.

Pero hay días…
días en los que no puedo más.

Días en los que me pregunto
cuántas veces voy a tener que perderte
antes de que te vayas de verdad.

Días en los que siento
que te estoy despidiendo en vida,
que te estás yendo poco a poco
y yo tengo que quedarme viendo.

Y eso…
eso es lo que más duele.

No perderte de golpe,
sino verte desaparecer
mientras todavía respiras.

Y yo aquí…
siguiendo,
insistiendo,
repitiéndote que soy,
aunque tú ya no puedas quedarte conmigo.
El dolor y la tristeza de una persona que siente que está perdiendo a alguien querido, no por una ausencia física, sino por un distanciamiento emocional y mental.

Saludos
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba