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Hoy te ofrezco, madre mía,
anémonas, amapolas, margaritas, campanillas,
portulacas amarillas,
y esas florcitas del campo, tan humildes y graciosas,
como siempre generosas, para hacerte compañía.
Y sigo por la campiña hasta el bosque que deslumbra
con sus rosados cerezos y lilos multicolores
que se confunden con brezos y alegran almas y rezos
de mis amadas abuelas,
que engalanaban la casa con nardos y con jazmines
y sahumerios de candelas.
¡Qué delicia era explorar en sus dorados jardines.
y dejar atrás la tierra hacia el cielo tras la sierra!...
Hay rosas y pensamientos
junto ti, añorada hermana,
y una jugosa manzana para la hora de la siesta,
entre cuentos animados, siempre jugando o de fiesta.
Y para vos, linda amiga, que derrochabas sonrisas
cien guirnaldas de glicinas y abrazos de madreselvas
que te retengan sin prisas por marcharte y siempre vuelvas,
entre perfumes de flores, aliados evocadores
que recobran con esencias esos ausentes amores,
esas queridas presencias, con sus mágicos vapores.
Hoy te ofrezco, madre mía,
anémonas, amapolas, margaritas, campanillas,
portulacas amarillas,
y esas florcitas del campo, tan humildes y graciosas,
como siempre generosas, para hacerte compañía.
Y sigo por la campiña hasta el bosque que deslumbra
con sus rosados cerezos y lilos multicolores
que se confunden con brezos y alegran almas y rezos
de mis amadas abuelas,
que engalanaban la casa con nardos y con jazmines
y sahumerios de candelas.
¡Qué delicia era explorar en sus dorados jardines.
y dejar atrás la tierra hacia el cielo tras la sierra!...
Hay rosas y pensamientos
junto ti, añorada hermana,
y una jugosa manzana para la hora de la siesta,
entre cuentos animados, siempre jugando o de fiesta.
Y para vos, linda amiga, que derrochabas sonrisas
cien guirnaldas de glicinas y abrazos de madreselvas
que te retengan sin prisas por marcharte y siempre vuelvas,
entre perfumes de flores, aliados evocadores
que recobran con esencias esos ausentes amores,
esas queridas presencias, con sus mágicos vapores.