LA ULTIMA FIESTA
¿Qué asombros guarda la piedra sigilosa?
¿Qué introspectivos reflejos ciegan su ciega mirada?
La babosa babeante delinea su camino
con su baba iridiscente y ampulosa
declina su caminar laborioso
entre lechugas y los pechos lujuriosos de las náyades.
Prólogo del último festín los lacayos de la corte
bailan el rigodón festivo
y los músicos alarmados se refugian
bajo los paraguas en flor.
Los perfumes tropicales en oleadas rigurosas
encienden las nubes del ocaso
y desde el puerto natal llegan los gruñidos de las morsay los quejidos de los pecios oxidados.
Se extienden los huesos que fueron cuerpos garridos
y las danzarinas estrellas se ocultan en el envés de las olas.
Verdes manteles floridos se extienden
sobre las piedras ariscas y meditabundas
Manjares y golondrinas azuzan a las galaxias remotas
mientras los latidos de mi aterido corazón
se acompasan con las más galantes mazurcas.
Brillos de la negra noche
los arroyos desbordados
el caos de la vida sana
Alguien escribe en el aire
los versos que no perecen
para que sean cantados
por los juglares cautivos.
Desde las ánforas enterradas en la arena
se expanden como mágicas endechas
gaviotas y oropéndolas.
Es la fiesta del último refugio
Es la fiesta de los faunos arrepentidos
Es la túrbida fiesta de la postrer primavera.
¿Qué asombros guarda la piedra sigilosa?
¿Qué introspectivos reflejos ciegan su ciega mirada?
La babosa babeante delinea su camino
con su baba iridiscente y ampulosa
declina su caminar laborioso
entre lechugas y los pechos lujuriosos de las náyades.
Prólogo del último festín los lacayos de la corte
bailan el rigodón festivo
y los músicos alarmados se refugian
bajo los paraguas en flor.
Los perfumes tropicales en oleadas rigurosas
encienden las nubes del ocaso
y desde el puerto natal llegan los gruñidos de las morsay los quejidos de los pecios oxidados.
Se extienden los huesos que fueron cuerpos garridos
y las danzarinas estrellas se ocultan en el envés de las olas.
Verdes manteles floridos se extienden
sobre las piedras ariscas y meditabundas
Manjares y golondrinas azuzan a las galaxias remotas
mientras los latidos de mi aterido corazón
se acompasan con las más galantes mazurcas.
Brillos de la negra noche
los arroyos desbordados
el caos de la vida sana
Alguien escribe en el aire
los versos que no perecen
para que sean cantados
por los juglares cautivos.
Desde las ánforas enterradas en la arena
se expanden como mágicas endechas
gaviotas y oropéndolas.
Es la fiesta del último refugio
Es la fiesta de los faunos arrepentidos
Es la túrbida fiesta de la postrer primavera.