Angelines
Poeta recién llegado
Para mí no existía un lugar llamado hogar,
solo un espacio que se repetía cada día, sin promesa de descanso.
No esperaba ser querida,
porque aprendí —antes incluso de poder decirlo—
que algunas presencias no se quedaban
y otras simplemente no miraban.
Crecí entendiendo el mundo desde fuera,
observando vidas que no me pertenecían.
No había esperanza como relato,
solo la idea práctica de irme algún día,
cuando mi cuerpo creciera lo suficiente
para no depender de nadie.
El cariño ajeno existía, sí,
pero nunca era solo para mí,
sino algo que también ocurría con otros necesitados.
Y así se fue formando una certeza silenciosa:
no era odio, ni rabia,
era ausencia de lugar.
Aprendí a no esperar ser elegida,
a no confundir atención con vínculo,
ni presencia con cuidado.
Y en ese aprendizaje frío
no había tragedia visible,
solo una normalidad sin raíces.
No había luz que señalar,
porque no había oscuridad que terminara,
solo continuidad.
Y aun así, seguí creciendo
sin saber que sobrevivir
también puede parecer no haber vivido.
Y ahora, lo que importa
es que aún respiro.
solo un espacio que se repetía cada día, sin promesa de descanso.
No esperaba ser querida,
porque aprendí —antes incluso de poder decirlo—
que algunas presencias no se quedaban
y otras simplemente no miraban.
Crecí entendiendo el mundo desde fuera,
observando vidas que no me pertenecían.
No había esperanza como relato,
solo la idea práctica de irme algún día,
cuando mi cuerpo creciera lo suficiente
para no depender de nadie.
El cariño ajeno existía, sí,
pero nunca era solo para mí,
sino algo que también ocurría con otros necesitados.
Y así se fue formando una certeza silenciosa:
no era odio, ni rabia,
era ausencia de lugar.
Aprendí a no esperar ser elegida,
a no confundir atención con vínculo,
ni presencia con cuidado.
Y en ese aprendizaje frío
no había tragedia visible,
solo una normalidad sin raíces.
No había luz que señalar,
porque no había oscuridad que terminara,
solo continuidad.
Y aun así, seguí creciendo
sin saber que sobrevivir
también puede parecer no haber vivido.
Y ahora, lo que importa
es que aún respiro.