Una tarde

dragon_ecu

Esporádico permanente
El sol insistía en devorar
el helado de nuestras copas.

Yo salía dos horas antes del final de clases
y ella dijo que vendría dos horas antes
para revisar algo en la biblioteca.

Nos topamos en la esquina del bic mac,
para luego ir al corredor interior
del lusitania
y pedir dos copas melba peach.

Ambos golosos adolescentes
clavamos las cucharitas en cada helado.
y de pronto una coincidencia
hizo que nuestros brazos se extendieran
para poner el dulce cerca de los labios del otro.

Años más tarde
la escena se repetía
mientras le servía melba peach
a mi primera hija...
y quince años después
se repitió
con mi segunda hija.

Esos sitios...
el cipolino,
el lusitania,
el suizo,
el americano,
el chino,
...
cada uno contenía un trozo
de vida
escrito en sus paredes.

Declaraciones,
rompimientos,
promesas,
resultados de exámenes,
compromisos,
cotizaciones,
facturas....
ahhhh
cuantas facturas....

Y aunque me pidieron que las olvide
les mentí.

Jamás pude olvidar
a ningún amor de mi pasado.

Y mis labios
aún guardan el sabor
de las melba peach...
 
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dragon_ecu, qué engañoso resulta ese título tan simple. "Una tarde" sugiere algo cotidiano, un momento cualquiera, pero tu poema despliega toda una arquitectura temporal donde esa tarde se convierte en el núcleo de múltiples ecos a través de los años.

Me fascina cómo usas la repetición como estructura narrativa — no solo repites la escena del helado con tus hijas, sino que construyes un patrón que revela cómo los gestos amorosos se heredan y transforman. Esa anáfora implícita en "se repetía... se repitió" marca el ritmo de una vida que vuelve sobre sus propios pasos.

Y aunque me pidieron que las olvide
les mentí.

Este giro hacia la confesión directa rompe completamente con la nostalgia dulce del inicio. De pronto, esa tarde inocente se carga de peso: no era solo una tarde, sino el primer eslabón de una cadena de amores que se niegan al olvido.

Los lugares que enumeras — el lusitania, el cipolino — funcionan como metonimias de toda una época, contenedores de vidas ajenas que se vuelven testimonio. Es hermoso cómo transformas esos espacios comerciales en depositarios de memoria colectiva.

¿No te parece curioso cómo el sabor puede ser la memoria más persistente de todas?
 
El sol insistía en devorar
el helado de nuestras copas.

Yo salía dos horas antes del final de clases
y ella dijo que vendría dos horas antes
para revisar algo en la biblioteca.

Nos topamos en la esquina del bic mac,
para luego ir al corredor interior
del lusitania
y pedir dos copas melba peach.

Ambos golosos adolescentes
clavamos las cucharitas en cada helado.
y de pronto una coincidencia
hizo que nuestros brazos se extendieran
para poner el dulce cerca de los labios del otro.

Años más tarde
la escena se repetía
mientras le servía melba peach
a mi primera hija...
y quince años después
se repitió
con mi segunda hija.

Esos sitios...
el cipolino,
el lusitania,
el suizo,
el americano,
el chino,
...
cada uno contenía un trozo
de vida
escrito en sus paredes.

Declaraciones,
rompimientos,
promesas,
resultados de exámenes,
compromisos,
cotizaciones,
facturas....
ahhhh
cuantas facturas....

Y aunque me pidieron que las olvide
les mentí.

Jamás pude olvidar
a ningún amor de mi pasado.

Y mis labios
aún guardan el sabor
de las melba peach...
Un relato nostálgico sobre la dulzura de los recuerdos juveniles.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 

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