Amor para todos los tiempos

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Mecenas
Te amé antes del lenguaje,
cuando el mundo era apenas un rumor de agua
y la luna aprendía todavía a nombrar las mareas.

Te amé con la fiebre antigua de los hombres
que miraban el fuego creyendo ver dioses,
y con la dulzura torpe del primer poeta
que descubrió que un cuerpo podía doler de ausencia.

Te amé como aman los románticos:
desbordando tormentas en los ojos,
escribiendo tu nombre sobre noches interminables,
haciendo de cada despedida
una catedral de nostalgia.

Te amé como Neruda habría amado la lluvia sobre tu espalda,
como Sabines habría fumado tu recuerdo en la cocina vacía,
como Benedetti habría esperado tu regreso
con un café tibio y la esperanza intacta.

Te amé en el exceso y en la calma.
Con la furia de los tangos,
con la ternura pequeña de quien acomoda tu cabello
mientras duermes sin saber que el universo respira ahí.

Hubo siglos en que te amé de lejos,
como los caballeros imposibles aman a sus reinas imposibles.
Y hubo noches modernas, crueles y veloces,
donde te busqué entre pantallas iluminadas
y mensajes que nunca llegaron.

Te amé con la solemnidad de los sonetos antiguos
y también con esta manera rota y humana
de decir “quédate”
aunque el miedo nos muerda los talones.

Porque el amor verdadero no pertenece a una época.
No envejece con las ciudades
ni muere cuando cambian las canciones.

El amor atraviesa generaciones
como un río obstinado.
Cambia de ropa, de idioma, de música,
pero siempre encuentra la forma
de incendiarle el pecho a alguien.

Y si algún día el tiempo se derrumba,
si desaparecen los libros, los poemas, los besos,
si el mundo olvida incluso nuestros nombres,
todavía quedará algo de nosotros
flotando entre las estrellas:

la manera en que te miré
como si amarte
fuera la única forma correcta
de estar vivo.
 
Te amé antes del lenguaje,
cuando el mundo era apenas un rumor de agua
y la luna aprendía todavía a nombrar las mareas.

Te amé con la fiebre antigua de los hombres
que miraban el fuego creyendo ver dioses,
y con la dulzura torpe del primer poeta
que descubrió que un cuerpo podía doler de ausencia.

Te amé como aman los románticos:
desbordando tormentas en los ojos,
escribiendo tu nombre sobre noches interminables,
haciendo de cada despedida
una catedral de nostalgia.

Te amé como Neruda habría amado la lluvia sobre tu espalda,
como Sabines habría fumado tu recuerdo en la cocina vacía,
como Benedetti habría esperado tu regreso
con un café tibio y la esperanza intacta.

Te amé en el exceso y en la calma.
Con la furia de los tangos,
con la ternura pequeña de quien acomoda tu cabello
mientras duermes sin saber que el universo respira ahí.

Hubo siglos en que te amé de lejos,
como los caballeros imposibles aman a sus reinas imposibles.
Y hubo noches modernas, crueles y veloces,
donde te busqué entre pantallas iluminadas
y mensajes que nunca llegaron.

Te amé con la solemnidad de los sonetos antiguos
y también con esta manera rota y humana
de decir “quédate”
aunque el miedo nos muerda los talones.

Porque el amor verdadero no pertenece a una época.
No envejece con las ciudades
ni muere cuando cambian las canciones.

El amor atraviesa generaciones
como un río obstinado.
Cambia de ropa, de idioma, de música,
pero siempre encuentra la forma
de incendiarle el pecho a alguien.

Y si algún día el tiempo se derrumba,
si desaparecen los libros, los poemas, los besos,
si el mundo olvida incluso nuestros nombres,
todavía quedará algo de nosotros
flotando entre las estrellas:

la manera en que te miré
como si amarte
fuera la única forma correcta
de estar vivo.
Un amor intenso y eterno.

Saludos
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba