Di una palabra.
Di una palabra que sea lluvia, una que contenga
alucinógenos y píldoras.
Di una palabra con la que pueda fumar el premio
de tu sonrisa
con ganas de sembrar iguanas rojas en el cielo.
Di mi nombre y llévalo hasta la paloma
que habita en la favila de tu ombligo
hasta la sed constante que reúne en procesiones
negros querubines.
Un color de silencio en la cerviz te queda bien
una hora de otoño en tu pelo lleva la firma
de los cartílagos que perfuman el iris del tiempo.
Di una palabra subterránea
vestida para los umbrales de la noche
déjame llevar tus pestañas
llámame kamikaze, víbora
invítame aunque sea a la entrada de tu puerta.
Di una palabra que sea larga como el respiro del mar
que gotee y asuste el pecho de los murciélagos
que cruzan ondas siderales.
Tus palabras son ríos infinitos y sombras que recogen
la rapsodia del pájaro que exuda en las ramas su primera pasión.
Di una palabra
que se dibuje en los átomos del silencio
que se haga gárgara y escupa el alquitrán
de la núbil primavera
una esquizofrenia que nos abrace a los dos
que sea mano, cuello, pelvis, útero
que ladre en las rotondas del alma
que sea al mismo tiempo perro y hembra
en los ríos más oscuros de la piel.
Di una palabra que se fracture en la boca
que nos deje al borde del abismo
y turulatos en las filigranas del cielo.
Di una palabra que sea grande, que tenga sombras
y reflejos para mirar en tus ojos mis ojos.
Los pantanos de esta hora enmudecen y estallan en el sopor
del silencio.
Qué bueno es amarte ahora que la hemoglobina
se distrae en los tabúes de la noche.
Un siglo no es nada
cuando estalla en tu sonrisa un cardumen azul
y se traduce
en carne el verbo de tu boca.
Di una palabra
Exógena
cuántica
precoz
poética
y que se hospede en mis huesos
para sentirte cuando salgas de mí
que no huya
que nos indague desde el endrino omóplato
hasta la pústula de los pies.
Di una palabra que sea lluvia, una que contenga
alucinógenos y píldoras.
Di una palabra con la que pueda fumar el premio
de tu sonrisa
con ganas de sembrar iguanas rojas en el cielo.
Di mi nombre y llévalo hasta la paloma
que habita en la favila de tu ombligo
hasta la sed constante que reúne en procesiones
negros querubines.
Un color de silencio en la cerviz te queda bien
una hora de otoño en tu pelo lleva la firma
de los cartílagos que perfuman el iris del tiempo.
Di una palabra subterránea
vestida para los umbrales de la noche
déjame llevar tus pestañas
llámame kamikaze, víbora
invítame aunque sea a la entrada de tu puerta.
Di una palabra que sea larga como el respiro del mar
que gotee y asuste el pecho de los murciélagos
que cruzan ondas siderales.
Tus palabras son ríos infinitos y sombras que recogen
la rapsodia del pájaro que exuda en las ramas su primera pasión.
Di una palabra
que se dibuje en los átomos del silencio
que se haga gárgara y escupa el alquitrán
de la núbil primavera
una esquizofrenia que nos abrace a los dos
que sea mano, cuello, pelvis, útero
que ladre en las rotondas del alma
que sea al mismo tiempo perro y hembra
en los ríos más oscuros de la piel.
Di una palabra que se fracture en la boca
que nos deje al borde del abismo
y turulatos en las filigranas del cielo.
Di una palabra que sea grande, que tenga sombras
y reflejos para mirar en tus ojos mis ojos.
Los pantanos de esta hora enmudecen y estallan en el sopor
del silencio.
Qué bueno es amarte ahora que la hemoglobina
se distrae en los tabúes de la noche.
Un siglo no es nada
cuando estalla en tu sonrisa un cardumen azul
y se traduce
en carne el verbo de tu boca.
Di una palabra
Exógena
cuántica
precoz
poética
y que se hospede en mis huesos
para sentirte cuando salgas de mí
que no huya
que nos indague desde el endrino omóplato
hasta la pústula de los pies.
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