En el río

Luis Á. Ruiz Peradejordi

Poeta que considera el portal su segunda casa
En la negra noche,
el río se tatúa claros de Luna
y brillos de estrellas,
sobre las oscuras aguas
que corren por el lecho de piedras
que arrancan con su roce
blancas flores de espuma.

Y correrá penumbras entre orillas
que la oscuridad desdibuja.
Un corzo joven bañará sus patas
en la fría corriente, mientras bebe con prisa.

El agua, a veces rápida, a veces lenta,
se remansa en recodos
y allí acude a mirarse
en la corriente detenida,
la mujer que cada noche
escapa del sueño para encontrarse
en el espejo del agua.
La sonrisa muestra los blancos dientes
en un reflejo que, raudo,
pronto arrastra el río.

Una estrella fugaz recorre el cielo
y las aguas oscuras contemplan su vuelo.
Del viejo arbusto de las camelias,
el que vive en la orilla,
caen los últimos pétalos
de las blancas flores
que adornaron su invierno.
Aguas abajo flotarán
como albos barcos
que cabecean con la corriente.

En la negra noche, en el río...
Nunca parece pasar nada.
 
Última edición:
En la negra noche,
el río se tatúa claros de Luna
y brillos de estrellas,
sobre las oscuras aguas
que corren por el lecho de piedras
que arrancan con su roce
blancas flores de espuma.

Y correrá penumbras entre orillas
que la oscuridad desdibuja.
Un corzo joven bañará sus patas
en la fría corriente, mientras bebe con prisa.

El agua, a veces rápida, a veces lenta,
se remansa en recodos
y allí acude a mirarse
en la corriente detenida,
la mujer que cada noche
escapa del sueño para encontrarse
en el espejo del agua.
La sonrisa muestra los blancos dientes
en un reflejo que, raudo,
pronto arrastra el río.

Una estrella fugaz recorre el cielo
y las aguas oscuras contemplan su vuelo.
Del viejo arbusto de las camelias,
el que vive en la orilla,
caen los últimos pétalos
de las blancas flores
que adornaron su invierno.
Aguas abajo flotarán
como albos barcos
que cabecean con la corriente.

En la negra noche, en el río...
Nunca parece pasar nada.

Todo ocurre, pero pareciera que no cuando las personas no miran ni ven, cuando no oyen ni escuchan, cuando ni siquiera piensan.
La sociedad nos llena de estímulos, de dificultades, de distracciones para que no nos enfoquemos en esa naturaleza, en esa vida que sigue fluyendo, que se sigue manifestando en su multiplicidad de formas.
La naturaleza habla, solo hay que prestarle atención.
Las vivencias detalladas que encierra ese río nocturno así lo demuestran.
Y me encantan tus descripciones.

Me pone tan contenta leerte, es el retorno a esos tiempos en los que tuve la suerte de conocerte, amigo.
Un fuerte abrazo con admiración.
 
Todo ocurre, pero pareciera que no cuando las personas no miran ni ven, cuando no oyen ni escuchan, cuando ni siquiera piensan.
La sociedad nos llena de estímulos, de dificultades, de distracciones para que no nos enfoquemos en esa naturaleza, en esa vida que sigue fluyendo, que se sigue manifestando en su multiplicidad de formas.
La naturaleza habla, solo hay que prestarle atención.
Las vivencias detalladas que encierra ese río nocturno así lo demuestran.
Y me encantan tus descripciones.

Me pone tan contenta leerte, es el retorno a esos tiempos en los que tuve la suerte de conocerte, amigo.
Un fuerte abrazo con admiración.
Nunca parece pasar nada.
Así es la vida, trascurre, con un día semejante al anterior y al siguiente. Y sin embargo la vida pasa, cambia, soporta , nos marca aunque no nos demos cuenta e imprime en cada uno de nosotros una huella que nos define.
Yo, tú lo sabes bien, soy de los que se detienen a mirar, a empaparse de lo que nos rodea y me gusta contarlo con mis palabras sencillas, de hombre de pueblo que pretende ser comprendido.
A veces es necesario volver hacia atrás, a los viejos tiempos y recordar como fuimos y lo que conservamos de aquello. Me alegra hacerte recordar tiempos agradables. Un fuerte abrazo y muchas gracias por tus palabras.
 

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