Dieguinho22
Poeta recién llegado
Solo soy una persona amargada,
furiosa y con necedad,
sentimental y extremista,
¿casualidad o es mi razonamiento pasando lista?
A veces trato de consolarme, pero la repugnia me arropa,
mi cuerpo calla, pero mi mente me agota,
pensar o estar en blanco es la situación,
expreso lo que siento yo o mi corazón.
Frío en ocasiones donde no quiero serlo,
mis pensamientos me controlan y me transformo,
un monstruo para quien me ama y no quiere verlo,
es el deseo de ser el combustible de ese horno.
Impaciente me vuelvo y no aclaro mis ideas,
me aterra el concepto de pensar cosas feas,
saltar al vacío o volar sin volver,
la gran duda que no he podido resolver.
Vagas ideas retumban mi cabeza sin cesar,
laberintos infernales que no voy a superar,
cansancios extremos que me tienen mal,
retumban mi pecho queriendo explotar.
¡Basta!, le suplico a mi mente parar,
esta estupidez no me deja avanzar,
¿me rindo o lucho hasta el final?,
¿desaparezco del mundo o lo vuelvo a intentar?
Camino entre sombras que llevan mi nombre,
versiones rotas del hombre que fui,
escucho sus voces diciéndome “corre”,
pero mis piernas ya no quieren seguir.
Tengo tormentas clavadas por dentro,
relámpagos negros quemando mi piel,
quisiera escapar de todos mis pensamientos,
pero vivo encerrado debajo de él.
El enojo me guía aunque sé que me hunde,
me abraza el impulso de hacerlo fatal,
y aunque una parte de mí aún se confunde,
otra ya disfruta verme colapsar.
Me miro al espejo buscando respuestas,
pero encuentro un extraño mirando también,
alguien cansado de tantas apuestas,
alguien vacío que ya no sabe quién es.
Y sigo cayendo sin tocar el suelo,
viviendo en un limbo difícil de explicar,
donde a veces quisiera prenderme en fuego,
y otras... simplemente descansar.
Y aunque a veces siento que ya no respiro,
amanezco otra vez por simple inercia,
cargo este infierno conmigo mismo,
disfrazando el caos de mi poca paciencia.
No aprendí a vencer mis pensamientos,
solo a esconderlos para continuar,
porque hay heridas que nunca están muertas,
apenas dormidas… listas pa’ despertar.
Y así sigo, roto, cansado y consciente,
fingiendo cordura delante de los demás,
mientras mi mente, de vez en cuando, explota de repente…
y me recuerda que el monstruo aún sigue detrás.
furiosa y con necedad,
sentimental y extremista,
¿casualidad o es mi razonamiento pasando lista?
A veces trato de consolarme, pero la repugnia me arropa,
mi cuerpo calla, pero mi mente me agota,
pensar o estar en blanco es la situación,
expreso lo que siento yo o mi corazón.
Frío en ocasiones donde no quiero serlo,
mis pensamientos me controlan y me transformo,
un monstruo para quien me ama y no quiere verlo,
es el deseo de ser el combustible de ese horno.
Impaciente me vuelvo y no aclaro mis ideas,
me aterra el concepto de pensar cosas feas,
saltar al vacío o volar sin volver,
la gran duda que no he podido resolver.
Vagas ideas retumban mi cabeza sin cesar,
laberintos infernales que no voy a superar,
cansancios extremos que me tienen mal,
retumban mi pecho queriendo explotar.
¡Basta!, le suplico a mi mente parar,
esta estupidez no me deja avanzar,
¿me rindo o lucho hasta el final?,
¿desaparezco del mundo o lo vuelvo a intentar?
Camino entre sombras que llevan mi nombre,
versiones rotas del hombre que fui,
escucho sus voces diciéndome “corre”,
pero mis piernas ya no quieren seguir.
Tengo tormentas clavadas por dentro,
relámpagos negros quemando mi piel,
quisiera escapar de todos mis pensamientos,
pero vivo encerrado debajo de él.
El enojo me guía aunque sé que me hunde,
me abraza el impulso de hacerlo fatal,
y aunque una parte de mí aún se confunde,
otra ya disfruta verme colapsar.
Me miro al espejo buscando respuestas,
pero encuentro un extraño mirando también,
alguien cansado de tantas apuestas,
alguien vacío que ya no sabe quién es.
Y sigo cayendo sin tocar el suelo,
viviendo en un limbo difícil de explicar,
donde a veces quisiera prenderme en fuego,
y otras... simplemente descansar.
Y aunque a veces siento que ya no respiro,
amanezco otra vez por simple inercia,
cargo este infierno conmigo mismo,
disfrazando el caos de mi poca paciencia.
No aprendí a vencer mis pensamientos,
solo a esconderlos para continuar,
porque hay heridas que nunca están muertas,
apenas dormidas… listas pa’ despertar.
Y así sigo, roto, cansado y consciente,
fingiendo cordura delante de los demás,
mientras mi mente, de vez en cuando, explota de repente…
y me recuerda que el monstruo aún sigue detrás.