Ángel33
Poeta recién llegado
Sísifo tira un dado,
mientras la roca juega al parchís.
Ha dejado de empujarla,
y escogió ser feliz.
Los dioses no están de acuerdo,
le quitaron el dado de siete lados,
y ahora empuja un neumático.
Soy un marinero de secano,
mi mar está hecho de adoquines,
y mi barco de metal.
Nado con los pies, respiro bajo el agua.
A lo mejor soy un pez en un submarino,
por eso es tan raro el fondo marino:
jamás pensé ver casas y pinos,
solo cangrejos y pepinos de mar.
El barco se hunde,
las sardinas adentro se van a ahogar,
¡qué desgracia!,
el capitán abandona el barco primero,
que seca está el agua,
como la calle, una tarde de julio,
gracias por nada, sol.
Yo, antes de hundirme, con el barco
me pongo un chubasquero y un paraguas,
no sea que vaya a diluviar ahí abajo,
otros cogen equipos de buceo,
qué necios,
les van a ser tan útiles
como el cenicero de una moto.
Somos como cigarros:
nos encendemos al salir de la caja,
y nos apagamos en el cenicero.
Algunos echan pocas cenizas,
y otros muchas.
Pero colillas somos,
y en colillas nos convertiremos,
porque ya andamos con un pie en la brasa.
Bien dijo Unamuno:
una vida no se juzga por cuántas veces respiramos,
sino por cuántas veces nos quedamos sin aliento.
Pero como yo soy yo,
un cigarro es tan bueno
por lo intenso que fue.
mientras la roca juega al parchís.
Ha dejado de empujarla,
y escogió ser feliz.
Los dioses no están de acuerdo,
le quitaron el dado de siete lados,
y ahora empuja un neumático.
Soy un marinero de secano,
mi mar está hecho de adoquines,
y mi barco de metal.
Nado con los pies, respiro bajo el agua.
A lo mejor soy un pez en un submarino,
por eso es tan raro el fondo marino:
jamás pensé ver casas y pinos,
solo cangrejos y pepinos de mar.
El barco se hunde,
las sardinas adentro se van a ahogar,
¡qué desgracia!,
el capitán abandona el barco primero,
que seca está el agua,
como la calle, una tarde de julio,
gracias por nada, sol.
Yo, antes de hundirme, con el barco
me pongo un chubasquero y un paraguas,
no sea que vaya a diluviar ahí abajo,
otros cogen equipos de buceo,
qué necios,
les van a ser tan útiles
como el cenicero de una moto.
Somos como cigarros:
nos encendemos al salir de la caja,
y nos apagamos en el cenicero.
Algunos echan pocas cenizas,
y otros muchas.
Pero colillas somos,
y en colillas nos convertiremos,
porque ya andamos con un pie en la brasa.
Bien dijo Unamuno:
una vida no se juzga por cuántas veces respiramos,
sino por cuántas veces nos quedamos sin aliento.
Pero como yo soy yo,
un cigarro es tan bueno
por lo intenso que fue.