Demaciado corazón en este mundo

victorialozano

Poeta recién llegado
Hay días en los que siento
que nací con el corazón demasiado abierto para este mundo.

Como si todo me doliera más de lo normal.
El abandono,
la tristeza ajena,
los animales solos en la calle,
las personas que sonríen mientras se destruyen por dentro,
los niños que crecieron sin amor,
las despedidas,
los silencios…
todo se me queda clavado en el alma.

A veces me pregunto
por qué siento tanto.

Por qué mientras muchos logran seguir adelante sin mirar atrás,
yo sigo pensando en cada cosa,
en cada palabra,
en cada persona que amé de verdad.

Tal vez vine al mundo para eso:
para sentir intensamente.
Para amar aunque duela.
Para intentar salvar incluso aquello que no puedo salvar.

Y qué triste es tener un corazón así.

Porque nadie te enseña
lo cansado que se vuelve amar profundamente.
Nadie te dice que llegará una noche
donde te acostarás mirando el techo,
preguntándote si alguna vez alguien te amará
con la misma pureza con la que tú amas.

Yo todavía creo en el amor.
Aunque el mundo a veces lo vuelva algo vacío.
Aunque las personas prometan eternidades
que duran unos meses.
Aunque existan abrazos que parecen hogar
y después terminan siendo recuerdos que duelen.

Y aun así sigo aquí,
intentando escribir lo que siento
porque hay emociones que ya no me entran en el pecho.

A veces hablo con Dios
aunque no entienda muchas cosas de la vida.
Le pregunto por qué existe tanto sufrimiento,
por qué hay almas tan buenas que terminan rotas,
por qué algunas personas tienen que luchar tanto para sentirse suficientes.

Y en medio de todo eso
también pienso en el amor.

En lo mucho que temo perder a las personas que amo.
En cómo un simple “buenas noches”
puede convertirse en algo sagrado cuando viene de alguien especial.
En cómo a veces abrazo fuerte
porque en el fondo tengo miedo
de que algún día todo cambie.

Creo que nadie sabe realmente
cuánto dolor esconden las personas sensibles.

Porque somos quienes más reímos,
quienes más ayudamos,
quienes más damos amor…
pero también somos quienes más lloramos a solas.

Yo solo quería amar bonito.
Salvar vidas.
Dar cariño.
Hacer sentir acompañado a quien se sintiera roto.

Pero mientras más crezco,
más entiendo que la vida también está hecha de despedidas,
de sueños que no salen como esperábamos,
de personas que cambian,
de heridas invisibles.

Y aun así…
aun con todo este peso en el alma,
todavía sigo creyendo que existe algo bueno esperándonos.

Porque si mi corazón,
después de todo lo que sintió,
todavía puede amar así…
entonces quizá no todo está perdido.
 
Hay días en los que siento
que nací con el corazón demasiado abierto para este mundo.

Como si todo me doliera más de lo normal.
El abandono,
la tristeza ajena,
los animales solos en la calle,
las personas que sonríen mientras se destruyen por dentro,
los niños que crecieron sin amor,
las despedidas,
los silencios…
todo se me queda clavado en el alma.

A veces me pregunto
por qué siento tanto.

Por qué mientras muchos logran seguir adelante sin mirar atrás,
yo sigo pensando en cada cosa,
en cada palabra,
en cada persona que amé de verdad.

Tal vez vine al mundo para eso:
para sentir intensamente.
Para amar aunque duela.
Para intentar salvar incluso aquello que no puedo salvar.

Y qué triste es tener un corazón así.

Porque nadie te enseña
lo cansado que se vuelve amar profundamente.
Nadie te dice que llegará una noche
donde te acostarás mirando el techo,
preguntándote si alguna vez alguien te amará
con la misma pureza con la que tú amas.

Yo todavía creo en el amor.
Aunque el mundo a veces lo vuelva algo vacío.
Aunque las personas prometan eternidades
que duran unos meses.
Aunque existan abrazos que parecen hogar
y después terminan siendo recuerdos que duelen.

Y aun así sigo aquí,
intentando escribir lo que siento
porque hay emociones que ya no me entran en el pecho.

A veces hablo con Dios
aunque no entienda muchas cosas de la vida.
Le pregunto por qué existe tanto sufrimiento,
por qué hay almas tan buenas que terminan rotas,
por qué algunas personas tienen que luchar tanto para sentirse suficientes.

Y en medio de todo eso
también pienso en el amor.

En lo mucho que temo perder a las personas que amo.
En cómo un simple “buenas noches”
puede convertirse en algo sagrado cuando viene de alguien especial.
En cómo a veces abrazo fuerte
porque en el fondo tengo miedo
de que algún día todo cambie.

Creo que nadie sabe realmente
cuánto dolor esconden las personas sensibles.

Porque somos quienes más reímos,
quienes más ayudamos,
quienes más damos amor…
pero también somos quienes más lloramos a solas.

Yo solo quería amar bonito.
Salvar vidas.
Dar cariño.
Hacer sentir acompañado a quien se sintiera roto.

Pero mientras más crezco,
más entiendo que la vida también está hecha de despedidas,
de sueños que no salen como esperábamos,
de personas que cambian,
de heridas invisibles.

Y aun así…
aun con todo este peso en el alma,
todavía sigo creyendo que existe algo bueno esperándonos.

Porque si mi corazón,
después de todo lo que sintió,
todavía puede amar así…
entonces quizá no todo está perdido.
Concuerdo con que tener un corazón sensible y empático en un mundo que a menudo parece duro e indiferente.

Saludos
 

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