DeSolís
Poeta recién llegado
El calor que hace
me derrite a la par que camino;
soy un mesías en un desierto
lleno de caseros e inquilinos.
Gotean las señales,
sudan los pararrayos,
se desmayan las persianas
al son del sol de mayo.
La suela de mis zapatos
ahora es alquitrán;
como en arenas movedizas,
cuesta despegar mi andar.
Mi camisa es neopreno,
acuática, y no ha llovido;
el poder del agua en mis dedos,
que baja desde los oídos.
Según ando, me elevo
a punto de tocar el cielo,
porque auguro que llega
un terrible mareo.
Si hay sombra, no la veo;
mi alma abandona el cuerpo:
viaja a través del tiempo
a un umbrío enero.
me derrite a la par que camino;
soy un mesías en un desierto
lleno de caseros e inquilinos.
Gotean las señales,
sudan los pararrayos,
se desmayan las persianas
al son del sol de mayo.
La suela de mis zapatos
ahora es alquitrán;
como en arenas movedizas,
cuesta despegar mi andar.
Mi camisa es neopreno,
acuática, y no ha llovido;
el poder del agua en mis dedos,
que baja desde los oídos.
Según ando, me elevo
a punto de tocar el cielo,
porque auguro que llega
un terrible mareo.
Si hay sombra, no la veo;
mi alma abandona el cuerpo:
viaja a través del tiempo
a un umbrío enero.