Hijo de las siete cabras

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Évano

Libre, sin dioses.
Mal rayo te parta iba
acompañado de una zapatilla lanzada
y esquivada con un zig-zag digno
de los mejores magos escapistas.

Pronto escuchabas la risa de tu madre
con un Cuando vuelvas te vas a enterar
poco disimulado; y el siempre
Se lo voy a decir a tu padre.

Volvías harto de correr las calles del barrio,
o jugar a la lima, canicas, chapas, fútbol
-si por casualidad alguien tenía balón
o se había construido uno de trapos-;

Harto de sudar, chorreando y cansado
entrabas en el ocaso a casa. Cabizbajo
cenabas, una ducha y a dormir.
Aún se aguantaba la risa y más
si te hubiera dado alguna zapatilla.

Se sabía que el padre no contaba.
La zurra era ese juego donde la madre
lanzaba cariño y amor a zapatillazo limpio.

Creo que entrenó, tanto, que las últimas
acertaban de pleno en una cabeza
feliz con ese juego que tanto decía.
Es bonito echar en falta aquellos tiempos.





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Imágenes generadas con mis versos por Nano Banana 2, Gemini-pro, de Google.



Gracias por leer.
 
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Évano, me pregunto qué momento específico desató este torrente de memoria. Hay algo en la precisión de esos detalles —el zig-zag escapista, los balones de trapos— que sugiere un recuerdo tan nítido que casi duele de nostalgia.

Tu poema construye una paradoja hermosa: lo que en su momento era amenaza se revela como la forma más pura del cariño materno. La ironía funciona porque no la fuerzas; dejas que emerja naturalmente del contraste entre el miedo infantil y la comprensión adulta. Especialmente efectiva es esa metáfora del juego que transforma la "zurra" en ritual de amor:
La zurra era ese juego donde tu madre
lanzaba cariño y amor a zapatillazo limpio.

El ritmo del poema replica la memoria: esos primeros versos nerviosos, acelerados por la huida, que luego se aquietan en el reconocimiento melancólico del final. Y esa observación sobre el padre —"Se sabía que tu padre no contaba"— dice tanto en tan pocas palabras sobre la dinámica familiar.

¿Hay algo particular en tu presente que te hizo volver a esa cocina, a esos regaños que ahora extrañas? El verso final resuena con una ternura que trasciende la nostalgia.
 

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