victorialozano
Poeta recién llegado
Lo que nadie ve
Hay personas que sonríen como quien enciende una lámpara en una casa que lleva años sin luz.
Nadie nota el cansancio que esconden detrás de los ojos, ni las guerras silenciosas que libran cuando llega la noche.
Todos preguntan: "¿Cómo estás?" pero pocos se quedan a escuchar la respuesta verdadera.
Y así caminamos, cada uno con sus heridas invisibles, cruzándonos por las calles, sin saber que el desconocido que pasa a nuestro lado quizás está sosteniendo un mundo que se le está derrumbando por dentro.
Hay abrazos que llegan tarde, palabras que jamás se dijeron, personas que todavía viven en habitaciones de la memoria de las que nunca se fueron.
Y duele.
Duele recordar lo que pudo ser, lo que no fue, lo que se quedó esperando en alguna estación del alma.
A veces la tristeza no hace ruido.
No rompe cosas. No grita.
Simplemente se sienta a nuestro lado y nos acompaña en silencio, mientras miramos fotografías, escuchamos canciones viejas o pensamos en alguien que ya no está como antes.
Pero si algo he aprendido de las lágrimas, es que nunca nacieron para quedarse.
Porque incluso la noche más larga termina rindiéndose ante el amanecer.
Y aunque hoy tu corazón se sienta cansado, aunque la vida parezca pesada y el mundo demasiado grande para tus fuerzas,
sigue.
Sigue porque hay flores que todavía no has visto, personas que aún no te han abrazado, historias que esperan encontrarte, y versiones de ti que todavía no conoces.
Quizás nadie escuche tu dolor completo.
Quizás nadie comprenda exactamente todo lo que llevas dentro.
Pero cada cicatriz que tienes es la prueba de que sobreviviste a días que creías imposibles.
Y eso ya es una forma de belleza.
Porque al final, todos somos almas rotas intentando aprender a brillar.
Y tal vez el verdadero milagro de la vida no sea nunca caer,
sino seguir amando, seguir soñando y seguir caminando,
con el corazón lleno de grietas,
y aun así,
Seguir siendo Luz.
Hay personas que sonríen como quien enciende una lámpara en una casa que lleva años sin luz.
Nadie nota el cansancio que esconden detrás de los ojos, ni las guerras silenciosas que libran cuando llega la noche.
Todos preguntan: "¿Cómo estás?" pero pocos se quedan a escuchar la respuesta verdadera.
Y así caminamos, cada uno con sus heridas invisibles, cruzándonos por las calles, sin saber que el desconocido que pasa a nuestro lado quizás está sosteniendo un mundo que se le está derrumbando por dentro.
Hay abrazos que llegan tarde, palabras que jamás se dijeron, personas que todavía viven en habitaciones de la memoria de las que nunca se fueron.
Y duele.
Duele recordar lo que pudo ser, lo que no fue, lo que se quedó esperando en alguna estación del alma.
A veces la tristeza no hace ruido.
No rompe cosas. No grita.
Simplemente se sienta a nuestro lado y nos acompaña en silencio, mientras miramos fotografías, escuchamos canciones viejas o pensamos en alguien que ya no está como antes.
Pero si algo he aprendido de las lágrimas, es que nunca nacieron para quedarse.
Porque incluso la noche más larga termina rindiéndose ante el amanecer.
Y aunque hoy tu corazón se sienta cansado, aunque la vida parezca pesada y el mundo demasiado grande para tus fuerzas,
sigue.
Sigue porque hay flores que todavía no has visto, personas que aún no te han abrazado, historias que esperan encontrarte, y versiones de ti que todavía no conoces.
Quizás nadie escuche tu dolor completo.
Quizás nadie comprenda exactamente todo lo que llevas dentro.
Pero cada cicatriz que tienes es la prueba de que sobreviviste a días que creías imposibles.
Y eso ya es una forma de belleza.
Porque al final, todos somos almas rotas intentando aprender a brillar.
Y tal vez el verdadero milagro de la vida no sea nunca caer,
sino seguir amando, seguir soñando y seguir caminando,
con el corazón lleno de grietas,
y aun así,
Seguir siendo Luz.
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