DG Falls
Poeta recién llegado
Shhhhh,
¿Sientes el tacto?
Soy yo, el Dios del bosque encantado.
Aquel que tiene bucles negros como el azabache, y la voz gruesa y
enérgica como tambores de guerra.
Aquel que se viste con sombras y luces ininteligibles, que con sueños
púrpuras y mentiras va por tu jardín como un príncipe impertinente.
Sí, soy yo, quien lleva el rostro cubierto por una barba hecha de hilos
de carbón,
Haciendo temblar el firmamento con versos de potestades antiguas.
Así que, no te asustes y permite que entre.
Shhhh,
¿Sientes el roce?
Nací con el don de la palabra escrita,
De la mirada profunda portadora del iris color miel, y de la astucia del
zorro de la primavera.
Anunciando leyendas proscritas, y Dioses risueños e inmisericordes,
Deseando no haberte encontrado, mortal.
Porque llevas el cabello suelto, la boca extendida y la expresión
insegura, y me seduces.
Me seduces porque ardo en la necesidad de cuidarte,
De envolverte, de consumirte.
Me seduces porque soy débil para ser malo, para ser cruel, para ser
inalterable.
Shhhh, no digas nada.
¿Sientes el susurro?
¿Los dedos?
¿La lengua?
Voy a asumir la responsabilidad de conocer el secreto,
De sellar el misterio,
De alterar la unión de tus células.
Soy tu Dios del Bosque,
¿No me ves?
¿No me reconoces?
Querida mía, tesoro mío, amada mía.
Me nombraron hace dos décadas y seis transiciones del sol, y desde
entonces,
Nadie ha tenido poder sobre mi nombre mágico,
Pero lo pronunciaste, y salieron del claro todos los acertijos.
Shhhh, calma tu respiración.
Voy a coronarte con orquídeas el pelo, para que disfrutes del incienso,
de la canela y el mango, y vivas en mi azafrán de arboledas absurdas,
Y pronúnciate.
No dejes que nadie te manche, que nadie te toque, que nadie te juzgue.
Guarda con recelo tus penas, y llena de orgullo las venas.
Pero, Shhhhh.
No digas nada, descendiente de Eva,
¿Sientes el roce?
¿El corazón?
¿Los nervios?
Soy yo, el Dios del Bosque, firmo con la "D"; de las deidades olvidadas,
de las deidades absueltas, de las verdaderas, de las falsas, de las
omniscientes y omnipotentes, de las obscenas, de las benévolas, de las
solemnes, de las misericordes y de las malvadas.
Shhhh, no digas nada.
No pronuncies mi nombre mágico, mi nombre único, porque me
escondo de mi Dios.
El que premia, el que cuida, el que advierte.
Y ni siquiera él, me ha dicho que me abstenga, que me someta, que
cambie.
Pero lo he hecho, por eso aguanta la respiración y acaricia mi pecho
con aquellas guirnaldas que reposan en la repisa, y escribe.
Detalla con tinta en el inmaculado papel cada letra que resuena en mi
garganta, cada sentimiento que desato en tus sienes, y dame la
alquimia.
Produces en mí el deseo, la tortura, la alegría y me tienes.
Shhhhhh,
¿Sientes eso?
Soy yo, Drexler, Nací en febrero, en cada época donde las palabras
conformaron un verso, y una doncella se estremeció en ellas.
¿Sientes el tacto?
Soy yo, el Dios del bosque encantado.
Aquel que tiene bucles negros como el azabache, y la voz gruesa y
enérgica como tambores de guerra.
Aquel que se viste con sombras y luces ininteligibles, que con sueños
púrpuras y mentiras va por tu jardín como un príncipe impertinente.
Sí, soy yo, quien lleva el rostro cubierto por una barba hecha de hilos
de carbón,
Haciendo temblar el firmamento con versos de potestades antiguas.
Así que, no te asustes y permite que entre.
Shhhh,
¿Sientes el roce?
Nací con el don de la palabra escrita,
De la mirada profunda portadora del iris color miel, y de la astucia del
zorro de la primavera.
Anunciando leyendas proscritas, y Dioses risueños e inmisericordes,
Deseando no haberte encontrado, mortal.
Porque llevas el cabello suelto, la boca extendida y la expresión
insegura, y me seduces.
Me seduces porque ardo en la necesidad de cuidarte,
De envolverte, de consumirte.
Me seduces porque soy débil para ser malo, para ser cruel, para ser
inalterable.
Shhhh, no digas nada.
¿Sientes el susurro?
¿Los dedos?
¿La lengua?
Voy a asumir la responsabilidad de conocer el secreto,
De sellar el misterio,
De alterar la unión de tus células.
Soy tu Dios del Bosque,
¿No me ves?
¿No me reconoces?
Querida mía, tesoro mío, amada mía.
Me nombraron hace dos décadas y seis transiciones del sol, y desde
entonces,
Nadie ha tenido poder sobre mi nombre mágico,
Pero lo pronunciaste, y salieron del claro todos los acertijos.
Shhhh, calma tu respiración.
Voy a coronarte con orquídeas el pelo, para que disfrutes del incienso,
de la canela y el mango, y vivas en mi azafrán de arboledas absurdas,
Y pronúnciate.
No dejes que nadie te manche, que nadie te toque, que nadie te juzgue.
Guarda con recelo tus penas, y llena de orgullo las venas.
Pero, Shhhhh.
No digas nada, descendiente de Eva,
¿Sientes el roce?
¿El corazón?
¿Los nervios?
Soy yo, el Dios del Bosque, firmo con la "D"; de las deidades olvidadas,
de las deidades absueltas, de las verdaderas, de las falsas, de las
omniscientes y omnipotentes, de las obscenas, de las benévolas, de las
solemnes, de las misericordes y de las malvadas.
Shhhh, no digas nada.
No pronuncies mi nombre mágico, mi nombre único, porque me
escondo de mi Dios.
El que premia, el que cuida, el que advierte.
Y ni siquiera él, me ha dicho que me abstenga, que me someta, que
cambie.
Pero lo he hecho, por eso aguanta la respiración y acaricia mi pecho
con aquellas guirnaldas que reposan en la repisa, y escribe.
Detalla con tinta en el inmaculado papel cada letra que resuena en mi
garganta, cada sentimiento que desato en tus sienes, y dame la
alquimia.
Produces en mí el deseo, la tortura, la alegría y me tienes.
Shhhhhh,
¿Sientes eso?
Soy yo, Drexler, Nací en febrero, en cada época donde las palabras
conformaron un verso, y una doncella se estremeció en ellas.
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