Vamos a deconstruir el amor

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Mecenas

Vamos a sentarnos frente al amor como quien desarma un reloj viejo.

Con paciencia.

Sin miedo a encontrar piezas rotas.

Porque nos enseñaron a llamarle amor a demasiadas cosas que no lo eran: a la costumbre, al miedo de estar solos, a la necesidad de pertenecer, al hábito de regresar donde ya no quedaba nada. Nos dijeron que amar era aguantar, esperar, sacrificarse hasta desaparecer. Y crecimos confundiendo las cadenas con los abrazos.

Vamos a deconstruir el amor.

Quitemos primero la idea de que alguien viene a completarnos. Nadie llega con la mitad de nuestra alma en los bolsillos. Llegan personas, no milagros. Seres tan incompletos como nosotros, llenos de grietas, de cicatrices y de preguntas.

También desmontemos la mentira de la eternidad. Hay amores que duran toda la vida y otros que apenas sobreviven una estación. Ninguno vale más que el otro. La duración nunca ha sido la medida de la profundidad. Una lluvia de diez minutos puede cambiar un paisaje entero.

Y arranquemos de una vez con la posesión. El amor no es propiedad privada. No es una escritura, ni una cerca, ni una llave. Nadie pertenece a nadie. Lo más cercano al amor es precisamente lo contrario: la libertad de quedarse, con la posibilidad de irse.

Mira cuántas cosas sobran cuando terminamos de desmontarlo.

no quedan los celos disfrazados de cuidado.

Ni el control vestido de preocupación.

Ni el silencio usado como castigo.

Ni el miedo convertido en promesa.

Entonces aparece algo más sencillo.

Dos personas mirándose sin máscaras.

Dos soledades que no se invaden.

Dos historias que deciden caminar juntas sin exigirse salvación.

Y quizás ahí, entre los restos de todo lo que creíamos que era amor, encontremos por fin al verdadero.

No haciendo ruido.

No pidiendo sacrificios.

No prometiendo para siempre.

Simplemente respirando.

Como respiran los árboles.


Como respira el mar.


Como respira la vida cuando deja de tener miedo.
 

Vamos a sentarnos frente al amor como quien desarma un reloj viejo.

Con paciencia.

Sin miedo a encontrar piezas rotas.

Porque nos enseñaron a llamarle amor a demasiadas cosas que no lo eran: a la costumbre, al miedo de estar solos, a la necesidad de pertenecer, al hábito de regresar donde ya no quedaba nada. Nos dijeron que amar era aguantar, esperar, sacrificarse hasta desaparecer. Y crecimos confundiendo las cadenas con los abrazos.

Vamos a deconstruir el amor.

Quitemos primero la idea de que alguien viene a completarnos. Nadie llega con la mitad de nuestra alma en los bolsillos. Llegan personas, no milagros. Seres tan incompletos como nosotros, llenos de grietas, de cicatrices y de preguntas.

También desmontemos la mentira de la eternidad. Hay amores que duran toda la vida y otros que apenas sobreviven una estación. Ninguno vale más que el otro. La duración nunca ha sido la medida de la profundidad. Una lluvia de diez minutos puede cambiar un paisaje entero.

Y arranquemos de una vez con la posesión. El amor no es propiedad privada. No es una escritura, ni una cerca, ni una llave. Nadie pertenece a nadie. Lo más cercano al amor es precisamente lo contrario: la libertad de quedarse, con la posibilidad de irse.

Mira cuántas cosas sobran cuando terminamos de desmontarlo.

no quedan los celos disfrazados de cuidado.

Ni el control vestido de preocupación.

Ni el silencio usado como castigo.

Ni el miedo convertido en promesa.

Entonces aparece algo más sencillo.

Dos personas mirándose sin máscaras.

Dos soledades que no se invaden.

Dos historias que deciden caminar juntas sin exigirse salvación.

Y quizás ahí, entre los restos de todo lo que creíamos que era amor, encontremos por fin al verdadero.

No haciendo ruido.

No pidiendo sacrificios.

No prometiendo para siempre.

Simplemente respirando.

Como respiran los árboles.


Como respira el mar.


Como respira la vida cuando deja de tener miedo.


Totalmente de acuerdo contigo José Anibal, deberíamos llamarlo "presunto amor" cuando se ha contaminado el sentimiento con valores fragmentados. Si no entendemos y toleramos las individualidades "estamos fritos" como decimos en mi tierra cuando la causa esta perdida.
Que tengas felices días , sigamos en la lucha por el AMOR
 

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