Paseo fluvial por el rio Moskova

Jesús B.Rodriguez Saludes

Poeta recién llegado
Echaré de menos los brazos de la ribera,
el sereno vals de los nenúfares
sobre las aguas yertas del río Moskova.

Echaré de menos la orquesta politonal
de albatros, ranas y patos
ya prestos a ejecutar
la gran sinfonía del efímero verano.

Me enternece la tenue melodía
en las cañas pescadoras,
el duelo a muerte de las voces
entre grajos y gaviotas,
el contrapuntear equilibrado en imposibles colores,
la intensa vida que se deja renacer
en el piar de los pichones.

Echaré de menos los dedos bifurcados
del hermoso paseo fluvial,
el andar relajado de la gente a mi lado,
los patinetes veloces de crios estrafalarios,
el anciano sonriente con aire de afamado pintor,
el joven negro solitario y ensimismado en un banco...
y aquella agraciada mujer alimentando palomas
en el cuenco de sus manos.

Extrañaré... Claro que extrañaré
la visión de este recuerdo futuro,
la certera revelación desde las alas del porvenir,
el itinerario mullido de una condena anticipada.

Y echaré de menos tu nombre...

Y extrañaré los arreboles finales del sol
conqueteando todavía sobre el agua del rio,
sobre la memoria de la hierba sombreada del parque,
sobre la espalda del suace que nos vuelve abrazar
al borde de la orilla.
 
Echaré de menos los brazos de la ribera,
el sereno vals de los nenúfares
sobre las aguas yertas del río Moskova.

Echaré de menos la orquesta politonal
de albatros, ranas y patos
ya prestos a ejecutar
la gran sinfonía del efímero verano.

Me enternece la tenue melodía
en las cañas pescadoras,
el duelo a muerte de las voces
entre grajos y gaviotas,
el contrapuntear equilibrado en imposibles colores,
la intensa vida que se deja renacer
en el piar de los pichones.

Echaré de menos los dedos bifurcados
del hermoso paseo fluvial,
el andar relajado de la gente a mi lado,
los patinetes veloces de crios estrafalarios,
el anciano sonriente con aire de afamado pintor,
el joven negro solitario y ensimismado en un banco...
y aquella agraciada mujer alimentando palomas
en el cuenco de sus manos.

Extrañaré... Claro que extrañaré
la visión de este recuerdo futuro,
la certera revelación desde las alas del porvenir,
el itinerario mullido de una condena anticipada.

Y echaré de menos tu nombre...

Y extrañaré los arreboles finales del sol
conqueteando todavía sobre el agua del rio,
sobre la memoria de la hierba sombreada del parque,
sobre la espalda del suace que nos vuelve abrazar
al borde de la orilla.
Una profunda nostalgia por el río Moskova y su entorno.
Aunque se percibe un adiós definitivo.

Saludos
 

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