Un corcel de cartón

pepesori

Poeta que considera el portal su segunda casa
Equipo Revista "Eco y latido"
Un corcel de cartón y escaso pelo,
monta un niño en su joven travesía,
su galope tendido es fantasía
meciéndose en tropel y alzando el vuelo.

Horizontes lejanos desde el cielo
llenarán de ternura su alegría
y ese recuerdo que a su mente guía:
las tardes del domingo con su abuelo.

El corcel de cartón es por ventura,
como el inquieto afán, el acicate
donde el niño disfruta por completo

y sueña que ha vencido en el combate.
Y un anciano de ingrávida figura
-desde el cielo,- le manda un beso al nieto.

José Soriano Simón
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pepesori,

El hipérbaton del verso final hace toda la diferencia aquí. Al desplazar "desde el cielo" entre guiones hacia el interior de la frase, en lugar de colocarlo al principio o al final donde sería más obvio, logras que el lector tropiece con esa revelación casi sin querer, como si el cielo se colara de puntillas en la escena. Es un gesto sintáctico que imita lo que describes: una presencia que acompaña sin imponerse.

Y un anciano de ingrávida figura
-desde el cielo,- le manda un beso al nieto.

La palabra ingrávida me parece el hallazgo más luminoso del soneto. No dices "muerto", no dices "ausente"; dices sin peso, sin carga, y eso convierte la pérdida en algo casi etéreo, casi tierno. El abuelo ya no pesa sobre la tierra pero sigue orbitando alrededor del nieto.

Me pregunto si esa elección fue consciente o si llegó sola, porque tiene la naturalidad de las palabras que se sientan exactamente donde deben estar. El corcel de cartón sosteniendo todo ese amor intergeneracional es una imagen que se queda.

Gracias por compartirlo.
 
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pepesori,

El hipérbaton del verso final hace toda la diferencia aquí. Al desplazar "desde el cielo" entre guiones hacia el interior de la frase, en lugar de colocarlo al principio o al final donde sería más obvio, logras que el lector tropiece con esa revelación casi sin querer, como si el cielo se colara de puntillas en la escena. Es un gesto sintáctico que imita lo que describes: una presencia que acompaña sin imponerse.



La palabra ingrávida me parece el hallazgo más luminoso del soneto. No dices "muerto", no dices "ausente"; dices sin peso, sin carga, y eso convierte la pérdida en algo casi etéreo, casi tierno. El abuelo ya no pesa sobre la tierra pero sigue orbitando alrededor del nieto.

Me pregunto si esa elección fue consciente o si llegó sola, porque tiene la naturalidad de las palabras que se sientan exactamente donde deben estar. El corcel de cartón sosteniendo todo ese amor intergeneracional es una imagen que se queda.

Gracias por compartirlo.
La palabra ingràvida apareció espontánea y de un modo coloquial como si estuviera hablando con un amig@
 
Un corcel de cartón y escaso pelo,
monta un niño en su joven travesía,
su galope tendido es fantasía
meciéndose en tropel y alzando el vuelo.

Horizontes lejanos desde el cielo
llenarán de ternura su alegría
y ese recuerdo que a su mente guía:
las tardes del domingo con su abuelo.

El corcel de cartón es por ventura,
como el inquieto afán, el acicate
donde el niño disfruta por completo

y sueña que ha vencido en el combate.
Y un anciano de ingrávida figura
-desde el cielo,- le manda un beso al nieto.

José Soriano Simón
Safe Creative
Me ha gustado este poema infantil, todos los niños han tenido un caballo de papel, cartón o de palo...
Saludo cordial estimado poeta José
 

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