Eratalia
Con rimas y a lo loco
Corrí a ver a Margarita
y en su casa no la hallé
pero lo que sí encontré
fue una diadema chiquita,
parecía de malaquita,
y en su jardín al pasar,
delicioso olor a azahar
me embriagó de tal manera
que, aunque parezca quimera,
me sentía levitar.
Aquello fue una experiencia
que extasiada me dejó
y el ánimo me robó.
Allí perdí la conciencia
deseando con vehemencia
llegar a tocar el cielo
siendo tan fuerte el anhelo
que la vida era molesta
y quería marcharme presta
por no sentir desconsuelo.
Fue extraño ese sinvivir,
arrebato de un momento
en el que perdí el aliento;
me moría por no morir.
¿Qué más podría añadir?
El éxtasis se pasó,
la cordura me volvió
y ganó la sensatez,
se esfumó la ingravidez
y el delirio terminó.