crisantemo
Poeta fiel al portal
Una fresca y blanda brisa
Ese instante Rosalinda
que tu misiva me brinda
es como un furtivo beso.
Estoy pintando en el yeso
un arcángel San Gabriel,
emulando a Rafael.
Mil veces lo habré desecho,
al ser de bóveda el techo,
me patinan los pinceles,
son como bravos corceles.
Se me escapan de la mano
por culpa del artesano
que tiró mal los niveles.
El rostro lo hago en marrón,
ha salido un manchurrón
y no tuve más remedio.
Con el pincel voy y vengo,
de ese modo me entretengo,
estoy sumido en el tedio.
Quise pintar en el coro
una esbelta Salomé.
No es apropiado pensé,
vaya falta de decoro.
Luego un divino tesoro
refiriéndome a virtud;
no le vi similitud.
Se me ocurrió que un Edén
y unos rosales también,
y un querubín con laúd,
y un Lázaro que anduviera
por un prado en primavera.
Y en un rincón alejado
un arpa como olvidada,
que piensen que ha sido usada,
por el polvo acumulado.
Ese instante Rosalinda
que tu misiva me brinda
es como un furtivo beso.
Estoy pintando en el yeso
un arcángel San Gabriel,
emulando a Rafael.
Mil veces lo habré desecho,
al ser de bóveda el techo,
me patinan los pinceles,
son como bravos corceles.
Se me escapan de la mano
por culpa del artesano
que tiró mal los niveles.
El rostro lo hago en marrón,
ha salido un manchurrón
y no tuve más remedio.
Con el pincel voy y vengo,
de ese modo me entretengo,
estoy sumido en el tedio.
Quise pintar en el coro
una esbelta Salomé.
No es apropiado pensé,
vaya falta de decoro.
Luego un divino tesoro
refiriéndome a virtud;
no le vi similitud.
Se me ocurrió que un Edén
y unos rosales también,
y un querubín con laúd,
y un Lázaro que anduviera
por un prado en primavera.
Y en un rincón alejado
un arpa como olvidada,
que piensen que ha sido usada,
por el polvo acumulado.