crisantemo
Poeta fiel al portal
En un soñar inquieto,
la espalda erguía a lomos de un caballo
y el páramo de pronto estaba muerto.
Tire del cielo dioses,
flotaban en el aire las manzanas
de Adan y en alabastro
frisos de Grecia y rosas
surgían de los hierros de balcones.
En la hierba las amapolas negras
apagaban palabras
en pensativos ángeles custodios
de piedras góticas ennegrecidas.
Bajo un coro de monjes puntiagudos
el rebaño balaba letanías.
Y luego solo nada
era algo muy extraño.
la espalda erguía a lomos de un caballo
y el páramo de pronto estaba muerto.
Tire del cielo dioses,
flotaban en el aire las manzanas
de Adan y en alabastro
frisos de Grecia y rosas
surgían de los hierros de balcones.
En la hierba las amapolas negras
apagaban palabras
en pensativos ángeles custodios
de piedras góticas ennegrecidas.
Bajo un coro de monjes puntiagudos
el rebaño balaba letanías.
Y luego solo nada
era algo muy extraño.