Los ojos transparentes del tiempo

Rosa Reeder

Poeta que considera el portal su segunda casa
Los ojos transparentes del tiempo
flotan sobre los tejados dormidos.


Nadie los ve.

Atravesan los relojes,
las raíces,
las fotografías olvidadas
en los cajones de la lluvia.

Tienen la forma de una pregunta
que nunca encontró respuesta.

A veces descienden
hasta los jardines sumergidos del sueño
y observan cómo las mariposas de cristal
construyen nidos en la garganta de la luna.

Entonces las sombras
abren sus paraguas de ceniza
y los árboles cambian de lugar
sin avisar a los pájaros.

He visto esos ojos.

Habitaban el interior de un espejo roto
donde nadaban peces hechos de memoria.

No miraban hacia el futuro
ni hacia el pasado.

Miraban hacia un territorio imposible,
más allá de los calendarios,
donde los nombres pierden su peso
y las horas se convierten en semillas azules.

Allí el viento escribía cartas
sobre la piel de los relámpagos,
y una multitud de relojes ciegos
buscaba la puerta secreta del amanecer.

Los ojos transparentes del tiempo
continuaron observando.

Su mirada era tan profunda
que el cielo olvidó sus fronteras.

Su silencio era tan antiguo
que las montañas comenzaron a soñar.

Y mientras el universo giraba
dentro de una copa de agua luminosa,

comprendí que el tiempo
no era un río,
ni una flecha,
ni una sombra fugitiva.

Era una ventana invisible
abierta sobre el misterio,

y detrás de ella,
unos ojos transparentes
seguían contemplando
el nacimiento interminable de todas las cosas.


Rosa Maria Reeder

Derechos Reservados
 
Los ojos transparentes del tiempo
flotan sobre los tejados dormidos.


Nadie los ve.

Atravesan los relojes,
las raíces,
las fotografías olvidadas
en los cajones de la lluvia.

Tienen la forma de una pregunta
que nunca encontró respuesta.

A veces descienden
hasta los jardines sumergidos del sueño
y observan cómo las mariposas de cristal
construyen nidos en la garganta de la luna.

Entonces las sombras
abren sus paraguas de ceniza
y los árboles cambian de lugar
sin avisar a los pájaros.

He visto esos ojos.

Habitaban el interior de un espejo roto
donde nadaban peces hechos de memoria.

No miraban hacia el futuro
ni hacia el pasado.

Miraban hacia un territorio imposible,
más allá de los calendarios,
donde los nombres pierden su peso
y las horas se convierten en semillas azules.

Allí el viento escribía cartas
sobre la piel de los relámpagos,
y una multitud de relojes ciegos
buscaba la puerta secreta del amanecer.

Los ojos transparentes del tiempo
continuaron observando.

Su mirada era tan profunda
que el cielo olvidó sus fronteras.

Su silencio era tan antiguo
que las montañas comenzaron a soñar.

Y mientras el universo giraba
dentro de una copa de agua luminosa,

comprendí que el tiempo
no era un río,
ni una flecha,
ni una sombra fugitiva.

Era una ventana invisible
abierta sobre el misterio,

y detrás de ella,
unos ojos transparentes
seguían contemplando
el nacimiento interminable de todas las cosas.


Rosa Maria Reeder

Derechos Reservados
Una visión poética que desafía la comprensión racional del tiempo y la existencia.

Saludos
 

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