RETINERE

GABRIEL CUERVO

Poeta asiduo al portal
I

Once mil trescientos diecisiete días

son los días que he caminado en este plano existencial.

¿Cuántos días más he de caminar?

¿A dónde tengo que llegar?

II

Alzo mi vista a los cielos y busco un camino,

veo mis pies y encuentro en ellos mi destino.

Alzo mis ojos hacia el horizonte y suspiro por un designio,

veo mis manos y encuentro en ellas un motivo.

III

Doscientos setenta y un mil quinientos sesenta horas

son las horas que he respirado el aire que a veces me asfixia.

¿Cuántas horas más seguiré respirando?

¿Cuándo será la hora en la que mis pulmones anhelen el viento?

IV


Busco un propósito en todo lo que tengo por delante,

busco mis fuerzas en todo lo que he dejado atrás.

Soy como una hoja flotando en un estanque de tiempo:

a veces me hundo, a veces solamente floto en las corrientes.

V

El fuego en la hoguera calienta mis huesos,

el frío nocturno me recuerda que aún estoy vivo.

El cansancio en mi cuerpo me recuerda el paso del tiempo,

el dolor en mi pecho es un eco muerto de amores lejanos.

VI

Las arenas del tiempo siguen cayendo,

el reloj en la tormenta sigue corriendo.

Estoy retenido, pero no por mucho tiempo;

anhelo encontrar mi salida del desierto.
 
I

Once mil trescientos diecisiete días

son los días que he caminado en este plano existencial.

¿Cuántos días más he de caminar?

¿A dónde tengo que llegar?

II

Alzo mi vista a los cielos y busco un camino,

veo mis pies y encuentro en ellos mi destino.

Alzo mis ojos hacia el horizonte y suspiro por un designio,

veo mis manos y encuentro en ellas un motivo.

III

Doscientos setenta y un mil quinientos sesenta horas

son las horas que he respirado el aire que a veces me asfixia.

¿Cuántas horas más seguiré respirando?

¿Cuándo será la hora en la que mis pulmones anhelen el viento?

IV


Busco un propósito en todo lo que tengo por delante,

busco mis fuerzas en todo lo que he dejado atrás.

Soy como una hoja flotando en un estanque de tiempo:

a veces me hundo, a veces solamente floto en las corrientes.

V

El fuego en la hoguera calienta mis huesos,

el frío nocturno me recuerda que aún estoy vivo.

El cansancio en mi cuerpo me recuerda el paso del tiempo,

el dolor en mi pecho es un eco muerto de amores lejanos.

VI

Las arenas del tiempo siguen cayendo,

el reloj en la tormenta sigue corriendo.

Estoy retenido, pero no por mucho tiempo;

anhelo encontrar mi salida del desierto.
Es como debe ser: debemos usar el pasado como trampolín y no como sofá.

Saludos
 

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