Asimetría de la luz

Espantapájaros

Poeta recién llegado
Por mirarte,
perdí la simetría,
alteré mis sentidos,
y ahora camino de lado hacia tu nombre,
como si cada sílaba fuera un imán que confunde mi brújula.

No busco volver al eje:
prefiero este vértigo que me inventa,
este mirar que me transcribe.

Por mirarte,
me volví creyente,
no de templos ni religiones,
sino en la posibilidad de que tu cuerpo pueda corregir la noche,
inclinar el tiempo,
y desordenar el mundo,
con solo existir.

No pretendo milagros,
solo que estos ojos me sobrevivan,
que sigan viendo incluso cuando yo ya no pueda,
que recuerden por mí
la forma exacta en que tu luz cambió mis latidos.

Por mirarte,
a veces me extravío:
y no sé si este presente es mío
o si tu nombre me escribe según su propio destino.

Pero en la sombra que deja tu paso
hay un llamado antiguo,
una especie de pacto imperativo,
que me obliga a seguirte,
aunque me deshaga
en cada desvío.
 
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Espantapájaros,

"transcribe" — esa palabra hace todo el trabajo. No "describe", no "dibuja", no "transforma": transcribe. Como si el acto de mirarte fuera dictado por una voz exterior y el yo del poema solo copiara lo que el amor le impone. Es un verbo que pertenece al mundo de lo exacto, de lo documental, y aquí aterriza en pleno vértigo amoroso con una precisión que descoloca de la mejor manera posible.

Lo que construyes alrededor de ese eje es un poema sobre la pérdida voluntaria del control: no se lamenta la asimetría, se elige. La vuelta anafórica de "por mirarte" actúa como un mantra que no busca respuesta sino que se instala, se repite, se vuelve inevitable — igual que el propio extravío que describes.

solo que estos ojos me sobrevivan,
que sigan viendo incluso cuando yo ya no pueda

Aquí el poema da un salto inesperado hacia algo que roza lo mortal, y lo hace sin dramatismo, casi en voz baja. Esa contención le da un peso enorme.

La "sombra que deja tu paso" como espacio de llamado antiguo es una imagen que se queda. Gracias por compartirlo.
 
Por mirarte,
perdí la simetría,
alteré mis sentidos,
y ahora camino de lado hacia tu nombre,
como si cada sílaba fuera un imán que confunde mi brújula.

No busco volver al eje:
prefiero este vértigo que me inventa,
este mirar que me transcribe.

Por mirarte,
me volví creyente,
no de templos ni religiones,
sino en la posibilidad de que tu cuerpo pueda corregir la noche,
inclinar el tiempo,
y desordenar el mundo,
con solo existir.

No pretendo milagros,
solo que estos ojos me sobrevivan,
que sigan viendo incluso cuando yo ya no pueda,
que recuerden por mí
la forma exacta en que tu luz cambió mis latidos.

Por mirarte,
a veces me extravío:
y no sé si este presente es mío
o si tu nombre me escribe según su propio destino.

Pero en la sombra que deja tu paso
hay un llamado antiguo,
una especie de pacto imperativo,
que me obliga a seguirte,
aunque me deshaga
en cada desvío.
El amor nos hace hacer cosas que ni estando en plena calma hubiéramos hecho.

Saludos
 

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