Nació en Oriente por la negligencia
y se expandió veloz por el mundo entero,
un doloroso reto para la ciencia
que corta vidas de modo certero.
Van millones que se visten de duelo,
van millones que viven con temor,
van millones que parten hacia el cielo
y millones que olvidan el amor.
Y va tardando en llegar la esperanza,
y van fallando las mil plegarias,
mientras crece la total desconfianza
con ilusiones falsas y agrias;
se va perdiendo la templanza,
la libertad y las alegrías diarias.
La humanidad espera con paciencia
la bendición de una gran fortuna,
que logre aliviar esta penitencia
de tanta muerte gris e inoportuna.
Al fin con pruebas y con insistencia
se logró hallar la bendita vacuna;
venció la vida con su resistencia,
y la mortaja se ocultó en la bruna.