El conocimiento del instinto

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Alicia12

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El conocimiento del instinto


aún recuerdo
cómo practicaba en casa la capacidad del asombro
para atarnos en corto

cómo hacía tambalear su dignidad
delatando nuestra falta de lecturas
cuando en realidad
ya lo hacíamos antes de oír sus primeras palabras
incluso

antes de saber
sobre las herramientas del habla

pobre papá,
nunca supo que los grandes
siempre serán los jóvenes



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El conocimiento del instinto


aún recuerdo
cómo practicaba en casa la capacidad del asombro
para atarnos en corto

cómo hacía tambalear su dignidad
delatando nuestra falta de lecturas
cuando en realidad
ya lo hacíamos antes de oír sus primeras palabras
incluso

antes de saber
sobre las herramientas del habla

pobre papá,
nunca supo que los grandes
siempre serán los jóvenes



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Es la naturaleza instintiva y precoz del asombro infantil frente a la autoridad adulta.
Totalmente de acuerdo, los niños no tienen usualmente esas ideas generales, ni aprenden los nombres que las mientan, hasta que, después de haber ejercitado durante algún tiempo su razón en ideas más familiares y concretas; se les reconoce capaces de hablar racionalmente, en vista del modo ordinario de su discurrir y de sus actos.
Aprovechando su escrito reflexiono: Sócrates, en esta vida y después de ella, no puede ser el mismo hombre de ninguna manera que no sea por un mismo tener conciencia; y así, haciendo consistir la identidad humana en la misma cosa en que ponemos la identidad personal, no habrá dificultad en admitir que el mismo hombre sea la misma persona. Pero, entonces, quienes ponen la identidad humana sofamente en el tener conciencia, y no en alguna otra cosa, tienen que considerar de qué
manera harán que Sócrates niño sea el mismo hombre que Sócrates después de la resurrección. Pero, sea lo que fuere aquello que, según algunos, constituye un hombre, y, por consiguiente, al mismo hombre individual, lo cierto es que a la identidad personal no la podemos poner en ninguna otra cosa que no sea solamente en el tener conciencia (que es aquello que solamente hace eso que llamamos el sí mismo), sin vernos envueltos en grandes absurdos.
Siempre es un honor visitarla.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
Me gustó mucho este poema porque, con una aparente sencillez, nos hace cambiar la forma de ver quién enseña realmente a quién. Me parece que nos recuerda que el asombro, la intuición y esa sabiduría más pura existen incluso antes de las palabras. El cierre me parece extraordinario: “los grandes siempre serán los jóvenes”. Lo entiendo como una invitación a no perder nunca la capacidad de sorprendernos, porque quizá ahí reside la verdadera grandeza del ser humano.

Saludos cordiales
 
Es la naturaleza instintiva y precoz del asombro infantil frente a la autoridad adulta.
Totalmente de acuerdo, los niños no tienen usualmente esas ideas generales, ni aprenden los nombres que las mientan, hasta que, después de haber ejercitado durante algún tiempo su razón en ideas más familiares y concretas; se les reconoce capaces de hablar racionalmente, en vista del modo ordinario de su discurrir y de sus actos.
Aprovechando su escrito reflexiono: Sócrates, en esta vida y después de ella, no puede ser el mismo hombre de ninguna manera que no sea por un mismo tener conciencia; y así, haciendo consistir la identidad humana en la misma cosa en que ponemos la identidad personal, no habrá dificultad en admitir que el mismo hombre sea la misma persona. Pero, entonces, quienes ponen la identidad humana sofamente en el tener conciencia, y no en alguna otra cosa, tienen que considerar de qué
manera harán que Sócrates niño sea el mismo hombre que Sócrates después de la resurrección. Pero, sea lo que fuere aquello que, según algunos, constituye un hombre, y, por consiguiente, al mismo hombre individual, lo cierto es que a la identidad personal no la podemos poner en ninguna otra cosa que no sea solamente en el tener conciencia (que es aquello que solamente hace eso que llamamos el sí mismo), sin vernos envueltos en grandes absurdos.
Siempre es un honor visitarla.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
Desde luego, cómo puedo ser "conciencia", en mí, la desconozco. Tal vez, el "consciente" me da por satisfecha, no lo sé. Al margen del mundo (movimientos de obra humana), la vida es lo que nos sucede y no lo que esperamos de ella.
La lengua nos proporciona que la vida pueda leerse. Quizás este es el encanto.
El honor es hallarte. Siempre gracias, Alde.
Igual, saludos para ti y a tu Habana
 
Última edición:
Me gustó mucho este poema porque, con una aparente sencillez, nos hace cambiar la forma de ver quién enseña realmente a quién. Me parece que nos recuerda que el asombro, la intuición y esa sabiduría más pura existen incluso antes de las palabras. El cierre me parece extraordinario: “los grandes siempre serán los jóvenes”. Lo entiendo como una invitación a no perder nunca la capacidad de sorprendernos, porque quizá ahí reside la verdadera grandeza del ser humano.

Saludos cordiales
Que magnifico comentario, Rosa Reeder. Incluso nosotros, como naturaleza, somos una pequeña muestra de ello.
Muchísimas gracias
Saludos cordiales
 

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