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Enmarañado entre el polvo
se quedo mi sueño,
restándole días a mi vida.
¿Vida?
¿Cuál vida?
¿No es esta brevedad
solo el lapso de un eterna muerte?
Mariposas de cobre
danzan alrededor del fuego.
¿Por qué me cuesta tanto mirar?
Atravesado por lanzas,
ando en busca del árbol
donde claudico Judas...
Peleas mudas
Sangre rota
en el rincón más anónimo
La locura
se comparte sin esfuerzo
Manos sin alma
acarician aceros entre la sombras
La locura pide cuota
Un homicidio más
en el laberinto de gritos
Uno más… poco importa…
Mascarada de penumbras
en giros de luna roja
Revivientes ennegrecidos
cantan las tragedias
de su rígido exilio
Sobre el silencio petrificado
danzan dioses muertos
Las horas se tiñen de suicidio
Los prófugos de la tumba
se pierden en brumas añejas
donde...
Torrente de rojo desprecio,
el grito acallado relumbra enfurecido.
Lentamente me llena el frio
¡Que muera el sol en mis venas!
¡Venga la luna
y su carga de espinas!
Noche eterna
en praderas petrificadas,
huérfanas de todo dios.
A lo lejos el murmullo
de los caídos anteriores.
El eterno canto...
Al pie de la horca
oficio misa de difuntos.
Novenas macabras
invocan el último plenilunio.
La noche comienza.
¡Ven a mí, Virgen de los mil talamos!
Mece mi cadáver en tus brazos,
coséchame con dolor
y exprímeme, rencorosa
en el lagar más amargo.
¡Como duele este silencio
que descarna toda verdad!
¡Como duele, en lo más íntimo,
donde se aprende a morir!
Florece lento, como la bruma,
tiñendo de frio tu piel.
La noche repta,
con sus mil miedos
violando la santidad del sueño.
Y el silencio crece
entre...
Soliloquios de podredumbre
arraigan en las almas más tibias,
La muerte solo respeta el valor,
el brillo del acero más fiero.
Pero nos ocultamos
tras el redoble de campanas.
Nuestra sombra tiembla entre celajes
demasiados para reclamar cualquier viento.
Nos...
Comparto con las ratas
las sombra y el silencio
de esta necrópolis absurda
llamada: “Civilización”
Reparto mi tristeza
entre los labios rotos
de las putas más tristes
y las niñas muertas vírgenes.
Dejo ni nombre escrito
en el callejón del asesinato
con sangre...
Fue un beso jodidamente bueno.
Bastante bueno.
Así es como ella besaba.
Un estallido, una tormenta, el salvaje despliegue de deseo contenido, inconcluso y dispuesto. El filo próximo de una navaja, un rojo abismo de encono tumultuoso, rabia primitiva en lubrico hervor.
Así es como...
¿Has contemplado
el espanto inconcluso
del espejo?
¿El grito hueco
que cae
en la mano de Dios?
¿Has saboreado
las gris ceniza
de toda tus muertes?
¿Aun te sientes cómodo
en el grotesco engaño
que cifra tu piel?
¿Tus manos están libres de piedras...
Transitamos nuestro intimo circulo
prisioneros de la piel,
ignorando los gritos de las manos
(ansias tristes de lo no creado)
Olvidamos la curvatura de los ojos
en el filo del terco horizonte.
Podemos sentir mil vidas
en nuestros destino vertical
y ni aun así...
¡Muchas gracias por sus comentarios alentadores! No me considero lo que se llama un buen poeta, pero es muy calido el saber que a verdaderos escritores les guste mis humildes obras. Gracias.
Se nos muere la luna de cansancio,
cuelga con desgano de la ubres de la noche.
El tiempo se vuelve terso
y los grillos acuchillan el silencio.
Clarividencias insomnes
nos traen quimeras en espirales
que se adormecen entre las pestañas
temblorosas de nostalgias.
La luna se agita en espasmos...
Sentada sobre la fetidez de sus heces,
inclinada, en concentración oscilante,
arranca, con parsimonia sacrosanta
la carne que tejió su carne,
degustando con delicia aletargada,
Desnuda y rota, cual muñeca abandonada,
tierna ghoul, flor de carne necrosada,
de su madre, víctima del apetito...