Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
No es como lo cuentan, amor, no. Tergiversan mi razón. Me inculpan por un crimen alevoso. Cupido abjuró nuestro acuerdo: me vendió sus saetas. Y por un acto de contrición, quiso flecharte otra vez, sin saber si te enamorarías de mi. Por eso cercené sus asquerosas alas.
Una vez estuve en el hotel Overlook. Decidí ir en temporada baja, pues el aislamiento es ideal para relajarme. Solo llevé lo indispensable para escribir. La privación de efectos materiales y contacto humano me eran formas de inspiración. No fue así. Todas las noches, luego de mi llegada, sentado...
Mi intuición nunca falla y ésta apunta a Leandro. Si lo doblego confesará.
Y así fue: Limpió la escena del crimen luego de escindir el pecho a su víctima; extirpó algunos órganos para trofeo. Con el tiempo sobrante bebió un café y selló su mensaje con la sangre de su víctima.
Estas tres personas bajaron el ritmo respiratorio por ahorrar oxígeno, debido al hermetismo del encierro. Sobre la relatividad, Einstein, algo había promulgado; esto, porque el tráfico afecta al tiempo, sobretodo ahora en contra de los bomberos. Solo les quedaba 30 segundos en el ascensor.
Jugaron con sus sentimientos. Su corazón estaba roto. Como venganza, descuartizó a la culpable. No sin antes, Frankenstein, arrancaría el órgano sano para su trasplante.
¿Quién pensaría que la indignación delataría el verdadero temperamento de Caperucita?
—¡Qué ingrata esa vieja! Tantas atenciones y nunca quiso agradecerme. A ver cómo se la llevará con su senilidad.
¡Ay con el lobo!, solo un cuenco vacío ocupando la mesa.
—¿Crucé el puente un martes? —me dije.
Con esfuerzo intento recordar, pero una migraña me aturde y un ardor cierra mis ojos. En los breves segundos vi casas derruidas, gente postrada...
—¿Qué sucedió aquí? ¿Nos atacaron? ¡Y este vendaje!, ¿qué hace en mi cabeza?
«Oficial Suárez. Mis servicios, hasta este día, suman 666 horas. A 13 grados se estimaba la temperatura para hoy. La escena del crimen es en el bulevar Marte 365, nos ubica no muy lejos de la comisaría. Solo 69 dólares restan en mi cartera y una nota explicativa de mi suicidio.»
Apenas Eva recobraba la conciencia. Confusos episodios (¿previos al suceso?) le venían a la memoria. Cerca, un teléfono. Descolgó el auricular para pedir ayuda. Se dijo asimisma: «¿Atenderá el 911?». Pero era una línea muerta, como toda materia en aquel ámbito.
Estos son microcuentos que escribo para algunas cuentas de Twitter de carácter literario. Estas exigen ciertas palabras o frases para la construcción del relato.
Meses duraron las pesquisas, resultando con la captura, en mayo, del asesino en serie mejor conocido como «El Mensajero de las Madres». Recuérdese que la firma de sus crímenes era estigmatizar a sus víctimas con flores de margaritas puestas en las barrigas. Durante su traslado a la fiscalía...
Por años consultaba compendios de demonología. Se empeñaba en reconocer algún ente que satisfaciera ese insólito fetichismo.
Su costumbre, al llegar a casa, era ordenar el altar y besar alguna de las patas, mientras musitaba dulcemente: «¡Oh, diablito mío!»
Días duró la gresca. Ni la policía pudo controlar la fuerza de los trabajadores. Exigían ajustes salariales. Al fin se sentaron. El palo ¿tuvo efecto? Corrieron las firmas. ¿Qué hubo con las letras pequeñas que dispersan todo como el humo?
Estoy de acuerdo en utilizar finales sorpresa como mecanismo para captar al lector, y que se involucre mentalmente en el relato. Para mí, la insinuación es una fórmula para elaborar historias cortas.
El cronómetro marcó el tiempo de cocción del feto.
—Señores, ¿qué tal el manjar? —dijo—. Poca sal y hervido en cacerola a fuego lento.
—¡Exquisito! —dijeron todos traqueteando los cuchillos.
La antropofagia, al fin, se había instaurado.
—¿Cuándo se dignarán en reemplazar ese foco? —dije, apurando el paso hacia el andén.
Mi tren no había llegado a tiempo (esto ya era usual). Allá, por las escaleras, vislumbré a alguien.
—Niña, ¿qué haces acá sola? —dije, mientras me acercaba.
No respondió, solo tomó mi mano. No me resistí...
Desde que le diagnosticaron su dependencia hace un mes se vio obligado a mantenerse abstemio. Anhelaba una vida sin atolladeros, libre de toda mierda.
Abrió la nevera, y allí estaba la última del six packs. Su psiquis, por naturaleza, era frágil. Una recaída a estas alturas sería un equívoco...
Episodio 1: Náusea.
Como les fue sugerido, familiares y amigos asistieron a la ceremonia con ramos de amapolas como ofrenda, que, llegado a un punto, abarrotarían el féretro.
Para el hijo, el momento dejaba de ser desolador. Percibía de aquellas flores un perfume que lo exasperaba, obligándolo...
Los indígenas sembraron la última semilla, la de la muerte espiritual. Con el transcurrir del tiempo, sus epopeyas cayeron al olvido. Un día aparecieron descalzos —según sus costumbres—, famélicos, con sus deidades como souvenirs frente al semáforo.
Miró el reloj, era tarde, pero juzgando la hora, aceleró el paso. Era manía en él, que estando frente a ella, ocultara sus manos en los bolsillos y con mirada absorta, la contemplara. Llegado al sitio, no la pudo hallar. Era muy tarde, no le dio tiempo.
Desconocía aquella mujer. Y aunque la conociera, el remordimiento no le afectaría. Estaba habituado a ello. La acostó a su gusto para ocuparse de ella con comodidad. Despojándola de su ropa, pudo contemplar toda esa piel morena y turgente. No había discusión, esta chica era otra víctima más...
Episodio 1: Huida.
Se le ve temeroso. Con una ansiedad casi sospechosa. Un hipo fastidioso le aturde. Acelera el paso. ¿Qué le acecha? Solo un propósito ocupa su mente: huir.
Episodio 2: Andrajos.
La corazonada es una sensación que va en aumento a medida que la amenaza asalta la calma. Desde...
Desesperado por no hallar aquél crucifijo que le regaló su esposa difunta en el viaje de vacaciones que alguna vez hicieron juntos por Europa. Al fin lo encontró. Un poco de pátina en él. ¡Qué particular belleza la de esos artefactos! Era una obligación emocional tenerlo en sus manos para el...