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Quiero comerte entre las sombras de la noche,
donde el deseo se mezcla con el misterio,
y mis labios se deslizan como secretos en tu piel.
Eres un fuego que arde y me consume,
una tentación deliciosa que me vuelve loco.
Tus piernas son caminos por los que quiero perderme,
cada paso un...
Nos fuimos sin maletas,
con el alma descalza
y un par de heridas bien guardadas
en el bolsillo trasero de la memoria.
Nos fuimos porque el aire pesaba,
porque la casa era un nido de ecos
y el reloj mordía las horas
como un perro sin dueño.
Nos fuimos con los huesos cansados
pero con los sueños...
Mi buen amor,
te nombro en el silencio de las horas,
donde el tiempo se vuelve brisa
y la ausencia no pesa,
sino que danza.
Eres la pausa entre los latidos,
la certeza en la duda,
el eco de una palabra
que nunca se pronunció
pero siempre estuvo.
No eres destino ni espera,
eres el ahora...
La lluvia comenzó a caer en ángulos imposibles. No era una lluvia cualquiera, sino una que se filtraba en las rendijas del tiempo, en los intersticios de lo no vivido, mojando memorias que aún no habían sucedido. Lo supe cuando vi a aquel hombre en la esquina, con un cigarro apagado en la boca...
Como un susurro de la brisa entre las hojas,
tu cuerpo se dibuja en mis pensamientos,
y cada mirada tuya es un fuego que aviva
la pasión dormida en mi piel.
Tus labios son el puerto donde anclo mis deseos,
la miel que endulza el instante robado,
y en cada roce tus manos son caricias...
Escribo cuando la ciudad es un bostezo,
cuando el viento suena como si dijera nombres
que nunca llegarán a la boca de nadie.
Las luces parpadean como ideas que no se atreven,
calles con párpados caídos bostezan su última historia.
Escribo mientras la noche se despliega
como un mapa de sombras...
Yo escribo para que tú no me leas,
para que mis palabras resbalen por tu piel
como manos tibias en la madrugada,
para que no descubras que este deseo
es un incendio mudo,
un relámpago que se esconde
en la lluvia de mis versos.
Yo escribo para que no te detengas,
para que no sospeches que cada...
Ese instante en que te amé
no tuvo principio ni final,
se extendió como la curva de un río
en el mapa borroso de la memoria,
dibujando geografías
que solo los sueños pueden habitar.
Ese instante fue un eco sin origen,
una brújula sin norte,
la pausa entre dos respiraciones,
un paréntesis...
Si Yo fuera Yo, caminaría por las calles sin sombra, sin la urgencia de mi propio reflejo persiguiéndome en cada escaparate. No me buscaría en los ojos ajenos, en los espejos de los baños públicos, en los charcos de la lluvia que duplican las aceras.
Si Yo fuera Yo, hablaría en un idioma que...
Tengo frío,
y el frío no es sólo de hueso y piel,
es un tango desafinado en la garganta,
un bostezo de invierno atrapado en los pulmones.
No es el frío del termómetro
ni el que se sacude con café y bufanda.
Es otro, más hondo,
el que se cuela entre las sílabas
y deja los verbos con las manos...
El reloj no se detiene,
gira en círculos sin orillas,
como un oleaje de números que no desemboca,
sin destino, sin propósito, solo la danza infinita
de un tiempo que se mide en ecos
y no en instantes.
La palabra se desmorona,
sus letras se desvanecen como partículas de aire,
como sombras que...
Te muerdo y el sabor es a tinta fresca, a palabras recién nacidas que se deslizan por mi lengua como peces en un río de alfabetos. Tus labios son un mapa de sílabas perdidas, y yo, cartógrafo de lo imposible, trazo rutas hacia el centro de tu voz.
Hay un jardín en tu boca, pero no es de...
Mi piel es un mapa de antiguas batallas,
cicatrices que narran historias de fuego y sombra.
Tus dedos, peregrinos curiosos,
recorren los contornos de mi geografía secreta.
Hay un altar en el centro de mi pecho, donde el corazón late como un tambor sagrado.
Tus labios son ofrendas que...
Hay un reloj que crece en el jardín,
sus raíces son agujas que perforan el tiempo. Las horas caen como frutas podridas, y yo, descalzo, camino sobre los segundos quebrados.
El aire huele a tinta y a memoria,
a algo que no fue pero pudo ser.
Las palabras se enredan en los árboles...
La noche cae como un animal herido, se arrastra por los rincones de mi cuarto, y yo, aquí, sentado en este silencio, preguntándome si acaso tengo algo que decir.
La vida es un puñado de horas vacías, un vaso medio lleno de preguntas sin respuestas.
¿Por qué nos duele tanto vivir?
¿Por...
Es un poema que respira un aire de nostalgia y deseo profundo. Habla de un amor que trasciende la distancia y las circunstancias, pero también de la fragilidad de la felicidad idealizada, y la soledad que deja el vacío de lo no correspondido. Las imágenes de la noche, la estación de tren y el...
En laberintos de tinta y papel,
se enreda el tiempo, se quiebra el sentido; un reloj danza, perdido y vencido, la prosa salta como un cascabel.
En los andenes del tren más sin fin,
los ecos suenan, retumban, se callan;
las palabras mismas saltan y estallan,
tejiendo un juego, oscuro y sin fin...
Nos levantamos con el tumbao’ de la mañana, el sol colándose entre las persianas, como si quisiera quedarse a chinchorrear con nosotros. En la mesa, el café negro - ese que no pregunta pero siempre contesta - se mezcla con el aroma a pan tostado, y en el fondo, la radio suelta una plena vieja...
Te amé como se ama lo que duele,
sin razones ni horarios,
como si la vida fuese un juego
y yo siempre apostara mi última ficha.
Fuiste tormenta en mis días de calma,
el relámpago que iluminó lo oscuro
solo para recordarme
que la luz, a veces, también quema.
Qué extraño es recordarte ahora...
Azul quedó mi alma cuando partiste,
como el cielo vacío tras la tormenta,
un azul que se quiebra, que no resiste, un azul que te nombra aunque me mienta.
Eras tú mi mar, mi viento encendido,
mi tempestad de fuego, mi delirio.
Tu piel, un universo sin sentido,
tu boca, un abismo, un dulce...
Te quiero como quien toca el agua con la yema de los dedos, tanteando la temperatura antes de sumergirse. Te quiero en las cosas pequeñas: en el "buenos días" que cabe en la boca y en el "hasta mañana" que se cuela entre las sábanas. Los te quiero son un reguero de pasos en el pasillo, un eco...
El amor decidió tomarse un descanso,
sin siquiera preguntar,
como quien deja la taza a medio beber
y la ventana abierta a un temporal inminente.
Se fue ligero, sin maletas ni promesas,
con la desfachatez de quien no tiene que rendir cuentas,
ni dar explicaciones sobre ausencias.
Yo me quedé...
Ejemplo: Abismo y Redención
Te odio con la fuerza de mil olas,
como quien se pierde en un abismo de sal,
y aún así, en lo más oscuro de mi pecho,
tu sombra se cierne como un arcoíris quebrado.
Oh, pasión que hiere como espinas de fuego,
que danza en mi sangre con su cruel melodía,
me entrego...
Sirven para desdoblar la semana,
para estirarla como un hilo flojo
que apenas aguanta los días cargados.
Los jueves son los puentes del cansancio,
la tregua muda entre el lunes que te muerde
y el viernes que te invita a volar.
Sirven para arrastrar las horas con pereza,
con ese sabor a...
Alde estamos creando usando una serie de palabras para demostrar que de acuerdo a tu estado de ánimo, experiencias o experiencias de otro con las mismas palabras puedes escribir de una manera distinta. Luna Roja esta conmigo en ese proceso
La alborada se derrama lenta, como un susurro cansado que atraviesa la ventana. No es el amanecer que esperábamos; es un eco pálido, una promesa rota que se desliza entre las grietas del letargo. Ahí estamos, suspendidos en la sombra, en ese territorio donde los sueños y la vigilia negocian su...
Somos serpientes en celo, reptando sobre el lecho como quien desliza un verso en la lengua del otro. Tu piel, un mapa de escalas ardientes, la mía, un río que se desborda en cada curva. Nos enredamos sin tiempo ni norte, solo este instinto que sabe más que nosotros, que nos dicta el ritmo de las...
La Rana
En el centro de la noche,
donde el mundo se repliega en susurros,
te encuentro:
tu cuerpo, abierto como un poema
que se escribe con el pulso de mis manos.
Te sientas, diosa de la tierra húmeda,
con las piernas abiertas al fuego,
flexionadas como pétalos que aún no caen.
Eres raíz y...
Nos encontramos en el vértice exacto,
donde el deseo se pliega sobre sí mismo
como un papel que se rompe en silencio.
No hay arriba ni abajo,
solo esta danza circular
de labios y manos que no saben detenerse.
Es un juego de hambre compartida,
un equilibrio perfecto de dar y recibir
donde tu...
¿A qué no te atreves?
A desnudarte más allá de la piel,
a dejar caer todas las máscaras que inventaste
para proteger lo que en verdad eres.
¿A qué no te atreves a mirarme sin parpadear,
a sostener el filo de este deseo que nos corta
y nos deja sangrando palabras que no sabemos pronunciar...
Entre tus piernas,
donde la noche se arremolina y el silencio susurra,
quiero morder el alfabeto de tu piel,
descifrar las palabras que el deseo
ha escondido entre las comisuras de tu cuerpo.
Tengo hambre de ti,
no de alimento, sino de sustancia,
del vértigo suave que nace
en cada curva que...
En la penumbra, susurra la brisa,
caricia de fuego, que en mí se posa,
y bajo la luna, radiante y hermosa,
tu sombra me quema, mi piel precisa.
La noche arde en su roja madeja,
un cálido abismo entre tus abrazos,
y yo me deslizo, roto en pedazos,
cautivo en el vuelo que el alma maneja.
Tus...
Tejemos sombras al caer la tarde,
hilos de ausencia, gritos contenidos;
bordamos ecos, murmullos perdidos,
y el tiempo ciego su dolor nos arde.
En cada sombra hay un suspiro leve,
una caricia que jamás se hizo.
La vida pasa con su breve hechizo,
y el alma gime, mas jamás se atreve.
Amamos todo...
Y después de la cena, el postre
Después de la cena,
cuando ya no quede espacio para palabras
ni para más excusas,
el postre será ese instante en que todo se revuelve:
el aire, las sábanas, las ganas de quedarte o huir.
El postre es un juego sin reglas,
la pausa que no detiene nada.
Tus dedos...
Si tu cuerpo fuese la cena,
el menú no tendría principio ni fin,
un banquete infinito donde el hambre es solo el prólogo de algo más hondo.
Tus labios serían el aperitivo,
ese bocado que apenas roza el alma
y ya incendia el aliento.
Una promesa que se deshace en sabores que no se nombran pero...
Entregarse es sencillo.
Es como caer al vacío con los ojos abiertos,
sabiendo que el golpe no importa,
que el vértigo se vuelve piel y nombre.
Te entregas porque sí,
porque las palabras que no dijiste antes
te empujan al abismo de alguien.
Pero abandonarse...
Eso es otro idioma,
otra forma de...
Para qué llamas al lobo,
siempre al borde del bosque,
con ese silbido que araña la brisa,
si luego corres como si la noche
no fuera tuya también.
Déjate comer despacio,
que no hay prisa en la boca que sabe esperar.
Tengo todo el domingo,
todo el filo de esta calma que parece quietud
pero es un...
Los domingos son tuyos,
te los dejo enteros,
desnudos de mí,
con mi ausencia vestida de distancia.
Seré silencio que no rompe el reloj,
una sombra sin dueño
en la esquina del día.
Estaré a dieta de tu risa,
de tu voz que me llena los huecos,
de tus ojos que saben lo que callo.
Los domingos son...
Y de nuevo estamos empapados
Y de nuevo estamos empapados,
como si la noche hubiera desbordado sus ríos
y nosotros fuéramos las orillas,
resistiendo el abrazo inevitable del agua.
Tus manos, barcos inquietos,
surcan mi piel como si buscaran puertos
que solo existen en el temblor de mi aliento...
Quiero ser ese deseo
Quiero ser ese deseo que no nombras,
el que te despierta en la madrugada
con la sensación de algo perdido
y la certeza de que nunca estuvo.
Ser la grieta que atraviesa tu pensamiento
cuando crees que todo está en su sitio,
la incomodidad dulce
de un anhelo que no se...
Pídeme tres deseos,
y haré que tu nombre sea el eco eterno
que mis labios pronuncian al amanecer.
El primero, que tus manos
sean el mapa donde mi piel se extravía,
un territorio de caricias que jamás
querré abandonar.
Pídeme que el segundo sea el tiempo,
y lo detendré entre tus suspiros,
donde...
Me pides que sea agua en tu cuerpo
Me pides que sea agua,
y en tus poros navego,
un río tímido que despierta
cuando la noche te cubre de sombras.
Soy lluvia sobre tu espalda,
silencio que resbala
entre tus hombros cansados,
un susurro húmedo
que canta al roce de tu piel.
Te inundo sin ahogar...
En Domingo
En domingo, dejaré de ser gato,
ese que se enreda en tus piernas
y te mira con ojos de incendio apagado.
Ya no habrá ronroneo ni juegos inocentes.
Te aviso: seré lobo.
Un lobo hambriento de piel y secretos,
de tus pasos por el bosque,
de las migajas que dejas cuando crees
que nadie...
Café con leche somos, día a día,
tú, el oscuro fuego, yo, la calma,
dos fuerzas que al tocarse en melodía
se mezclan y desbordan en el alma.
Tu aroma, vida intensa que se aferra,
me envuelve en madrugadas de tormenta,
y yo, espuma que nunca desespera,
te abrazo hasta calmar lo que te enfrenta...
Sábado de tarde
Por dónde comienzo a desvestirte, me pregunto,
mientras el reloj olvida su cadencia
y el sábado de tarde se hace eterno,
como un susurro que se queda en el aire.
Quizá por tus hombros,
donde la luz dibuja mapas
que sólo mis manos saben leer.
O tal vez por tu cuello,
ese refugio...
Te desvisto con mis ojos,
como si cada prenda fuera un secreto
que merece ser arrancado con paciencia.
No hay pudor en mi mirada,
solo el hambre de encontrar en tu piel
la respuesta a todos los poemas que no he escrito.
Te desvisto lento,
como quien deshoja margaritas
sin miedo al final del...
Y después de todo esto, después del caos desbordado en la quietud de tus pestañas, te acurrucarás en mi pecho como quien encuentra refugio en la tormenta. Los latidos marcarán un compás secreto, una música que solo tú y yo podemos descifrar. Seremos la danza inacabada de un sueño, el susurro que...
Y ahora estás húmeda,
pero no de lluvia ni de tormentas que arrasan la ciudad.
Es otro tipo de agua,
ese que no cae del cielo,
sino que nace en los rincones
donde tus pensamientos tocan los míos.
Húmeda como la palabra que se queda en la lengua,
como el silencio que moja el aire
cuando se...
Voy a hacerte el amor sin tocarte,
a rozarte con la intención quieta de mi voz,
a sembrarme en el espacio que respiras
sin que lo notes,
sin que lo pidas.
Voy a quedarme en los márgenes de tus pensamientos,
en la pausa de tus palabras,
en el eco de un suspiro
que parece no tener dueño.
Te voy...
Me gustaría responderte, pero mis palabras tiemblan antes de nacer. No sé si es el miedo o la nostalgia lo que me impide alzarlas, pero aquí estoy, pensándote también, en el mismo silencio que compartimos.
¿Te has dado cuenta de cómo el tiempo parece conspirar en nuestra distancia? Lo envuelve...
¿Por qué no me amas los viernes?
¿Por qué los viernes tiemblas como un río
que nunca se decide a ser cascada?
¿Por qué tu voz me sabe tan helada,
si fue volcán el lunes, tan mío?
El reloj se detiene en su costumbre,
cada tic tac me dice que no vienes.
Tu ausencia grita en horas, me detienes...
Los viernes son de labios clausurados,
de ecos que no llegan al gemido,
de cuerpos que, aunque juntos, van perdidos,
en mares de silencios naufragados.
La cama es una arena sin presencias,
el roce se disuelve en la penumbra,
la piel, que en otro tiempo fue ternura,
se torna un laberinto de...
Viernes de amor-discos
Este viernes,
la tarde se despereza como un gato al sol,
y entre los surcos del tiempo
navegan vinilos que giran
al compás de un amor intacto.
Ah, tus ojos,
espejos que guardan noches de aguacero
y luces danzantes en una habitación cerrada.
Tus manos,
mapas invisibles...
Un Tango de Gatos
Era una noche de esas que Buenos Aires sabe regalar, con su bruma enroscándose entre las veredas y los faroles que titilan como pestañeos de un insomnio compartido. Yo estaba ahí, como siempre, en mi balcón de San Juan, mirando el río de tejados que desborda en la ciudad. Ella...
Ella llegó a mi vida como un bandoneón desafinado, un eco de Gardel arrastrado por la brisa de un Caribe que no conocía. Venía de Buenos Aires, con el acento hecho cuchillo y los ojos llenos de lunas porteñas, a perderse en las calles de San Juan, en los colores que rebotan entre el adoquín y el...
La poeta habla del amor como un acto de sanación, de transformación profunda y paciente. A través de imágenes potentes y líricas, describe a un ser amado que lleva consigo el peso del dolor, el pasado calcinado como un bosque herido, y las cicatrices que el tiempo ha dejado. Sin embargo, la voz...
El gato herido
Era jueves,
pero no cualquier jueves,
era un jueves que sangraba soledad
y dolía abandono,
de esos que nacen bajo la sombra de la Fiesta de San Sebastián,
cuando las calles se llenan de pasos ajenos
y el eco de risas no tiene oídos que lo acojan.
Allí, entre adoquines húmedos de...
Luna de lobo, nocturna condena,
que muerdes al cielo con dientes de hielo,
derrama tu luz sobre el sucio suelo,
que hoy grita en silencio su amarga cadena.
El bosque respira su sombra serena,
los ojos del lobo relampaguean celo,
y un aullido escapa del oscuro velo
como un canto gris que la...
Los gatos en miércoles se esconden de la Luna
En las noches de miércoles,
cuando el cielo se despereza en seda oscura,
los gatos, en un pacto milenario con la sombra,
se esconden de la Luna.
Ella, altiva reina de las mareas,
baja la mirada de plata líquida
y los busca entre las esquinas...
Soy el pecado de la Luna
Soy el secreto oscuro de la Luna,
la sombra que acaricia su costado,
el beso que en silencio le he robado,
la culpa que en su luz jamás se acuna.
Soy la fiebre que incendia su fortuna,
el eco de un gemido sofocado,
el fuego en su blancor enamorado,
la noche que en su...
Soy la voz que te susurra en el oído,
el eco de tus pasos en la sombra.
Soy tu refugio y tu rincón perdido,
la duda que tu mente no retoma.
Soy la llama que arde en lo prohibido,
la fiebre que en tus noches se desploma.
Soy tu cárcel, tu abrigo y tu latido,
el verso que en tus labios se...
Miércoles sin ceniza, día suspendido en el filo de un pestañeo. Los relojes caminan con pasos de hormiga, dejando tras de sí un rastro de horas descoloridas. No es un miércoles cualquiera, es un miércoles que ha olvidado ser miércoles, que se disfraza de jueves por un capricho del calendario o...
Mañana, que es miércoles, y también un eco hueco entre el principio y el fin, podríamos dedicarnos a descifrar los intersticios del tiempo, como si fuera un reloj roto que sigue funcionando. Tú, buscando lo que no se encuentra, y yo, pretendiendo que no me importa. Si no quieres mi calor...
Contemos los orgasmos en silencio,
como se cuenta el brillo de las horas;
desnudos de temor, mientras devoras
mi piel con el candor de tu presencio.
El martes, que es tan tibio y tan propenso
a ser un eco gris de luces moras,
nos toma entre sus manos seductoras
y deja que el placer hable en...
La poetisa dijo que amar era su delirio, su caída, su propio abismo. Que lo amó como se ama lo imposible, con la furia de quien no sabe de límites, con la entrega ciega de quien no teme perderse. Y sí, lo amó como una loca, descontrolada, desafortunada, toda subsumida en un deseo que no conocía...
El martes llega con sus manos vacías, porque todos los orgasmos se quedaron enredados en la piel del lunes. La luz del día es un bostezo largo, una pausa de café que no sabe a nada, porque en los cuerpos ya no hay fuego, sólo cenizas tibias de lo que ardió en otra jornada.
El martes camina...
Yo soy un gato manso, de andar callado,
reino entre las sombras, guardián del misterio;
mi cuerpo es un verso, mi salto, un imperio,
y en mi andar furtivo, el mundo he trazado.
No temo a la noche, mi ojo encantado
rompe en lo profundo un aire etéreo;
mi vida es un juego, mi instinto es serio,
y...
El sonido de un gemido es un susurro hecho fuego, un aliento que se quiebra en el aire como una confesión involuntaria. Es la voz del cuerpo hablando en su idioma más puro, una nota breve que vibra entre el deseo y la entrega.
No es solo un sonido, es el eco de lo inevitable, la melodía que se...
Mi lengua escribe un poema en tu cuerpo, un verso que no necesita tinta, solo el tacto y la urgencia de descifrarte. Empiezo en el abecedario de tu cuello, donde cada curva es una palabra nueva, una frase que se desliza sin pedir permiso.
Tu piel es un mapa, pero no busco rutas ni destinos. Me...
Orgasmo de letras somos tú y yo,
versos que se encuentran en el aire,
palabras que tiemblan al rozarse,
metáforas que arden entre tus manos y las mías.
Somos un poema que respira,
una estrofa escrita con caricias,
la rima oculta en tus suspiros
y el eco que despierta en mi pecho.
Tu piel es el...
Te mojas por mí como se moja la tierra cuando el cielo no puede más y se rompe. Es un temblor suave, una entrega callada que empieza en tus ojos antes de que lo admitan tus manos. No lo dices, pero el aire te delata, el peso tibio de tu respiración que se llena de palabras que no dices.
Es el...
Porque finges que no lo quieres, y sin embargo ahí estás, desarmando el aire con esa mirada que dice todo lo que tus labios callan. Te mueves como quien no sabe que deja un rastro, pero cada paso tuyo lleva el eco de un deseo que se esconde. Finges tan bien que casi me convences, pero hay un...
Un beso en la boca es el comienzo de un verso,
pero tu cuerpo entero es un poema.
Escrito con caricias en el silencio,
con metáforas de piel y latidos que queman.
No es solo el roce breve y preciso,
es el lenguaje que trasciende palabras,
un alfabeto de suspiros indecisos,
una oda que en tu...
Nos mojamos en lunes, amor, como si el cielo hubiera abierto sus manos solo para nosotros. La noche, líquida y generosa, nos envolvió en su abrazo interminable, dejando caer su aliento en nuestra piel, enredando su humedad en nuestros cuerpos, como si no existiera más mundo que este rincón...
Déjame ser brisa sobre tu marea,
un eco que recorre tus orillas,
un río que avanza sin perturbar
el secreto que guardan tus latidos.
No hay prisa en este vaivén callado,
ni ruidos que interrumpan la penumbra,
solo el roce tenue de la lluvia,
dibujando caminos sobre tu calma.
Mojémonos sin más...
Este gato no roba días,
roba noches de desvelo,
se cuela entre sombras y suspiros
con un sigilo que sabe a misterio.
No busca joyas ni riquezas,
ni corazones rotos por descuido,
se conforma con robarte el aliento,
con un beso furtivo, perdido.
Víctima de un crimen anunciado,
tu boca es el...
Entonces los lunes son míos
Los lunes son míos porque nadie los quiere.
Porque amanece con la pereza de un gato malhumorado,
porque las esquinas huelen a desvelo
y los semáforos parecen bostezar de puro hastío.
Pero son míos,
míos en ese modo absurdo de apropiarse de lo que no tiene dueño...
No hay domingos compartidos,
ni medias palabras al despertar.
Tampoco el café tiene el calor
de tus manos,
ni la tarde la suavidad de tu risa.
Te ignora.
Te ignora con la indiferencia de quien sabe
que el amor no se pide,
que la piel no se ruega.
Te ignora con la elegancia cruel
de la mujer que...
Te desapareces en domingo, cuando estás con otro.
Se disuelven las horas como cubos de hielo en vasos ajenos,
y el día deja de ser día, se deslíe en una sustancia
que no entiende de minutos ni de excusas.
Es entonces que el reloj se burla de mí,
marcando tiempos que no ocurren,
golpeando un...
La Luna salió de puntillas esa mañana de domingo, como quien teme despertar los recuerdos que duermen en el alma de los árboles. No quiso despedirse del cielo, porque a veces el adiós pesa más que el silencio. Se envolvió en su chal de luz tenue y descendió despacio, hasta tocar la hierba húmeda...
Cómo consolar a mi niña enojada
Cuando tu enojo asoma, niña mía,
el mundo parece detener su paso,
como si la brisa temiera herir tu cabello
y el sol se escondiera tras el pudor de las nubes.
No peleo con tu tormenta, no la niego.
Dejo que habite el espacio,
que ruja, que arda si es preciso...