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Los huesos ya no importan
el río en el que chapotean
pulveriza hogueras de agresiones humeantes.
De odio reverberan los días que consumo
las noches son de fiesta
hileras de gente levitando en
fuegos flagrantes.
Las noches son jocosas y
agonizan con cara de ruido
con dientes ausentes.
Me fui...
La pared aturde con los pósters
del año 1968.
Hay una enredadera enamorada del cemento que los encadena a la pared viscosa.
He puesto los pies en remojo en la bañera de mi abuela pero ya no los veo.
No sé si es que se han separado del tobillo o si se tomaron vacaciones en el peor spa del...
Irrumpe la penumbra
viendo la pared iluminada y
ávida de musgo.
Ahí donde la calma espesa y
débil se desnuda al sur del
fin del día.
Irrumpe la vertiente
como el agua le mece la cuna
al miedo y la torna día en su amistosa
resplandeciente humedad
mansa y asesina.
Llega la noche...
He visto surgir malvones como hongos, buenos como para hervirlos en sopa.
Cáscaras peladas, ralladas con ajenjo y pizca de sangre ácida henchidas de los que no comen.
La sal pura barrida del piso de la cocina sabe mejor que la dura mesa vacía.
La sopa candente se mudó de mi cazuela; con todo y...
El vuelo de arrayanes
venera la ilusión del monte.
Infranqueable ofrenda
que sorbe gotas hirientes como latas oxidadas.
En el rancho vecino de arduos muros,
salpica la luz serena
acompañada por un desfile de infusión de hojas
hojas pretéritas, en trance, despojadas.
El aire entre los
huesos es espeso y
fugitivo
con un leve sabor a sol.
Terminante y pasajero
se entrega al mejor postor,
se acomoda en la yema de
cualquier víctima
de espanto y silencio.
Escupe los restos para volver
definitivamente a dormir,
satisfecho, en la osamenta
vertical y fracturada.
Rendijas obvias de
hospital, cárcel o letargo.
Cómo cuando algo
muere dentro lento
o fugaz
muerte de hospital.
Nadie me lleva rosas a
la habitación inocua,
blanca, acerada, impersonal.
Ya ingrávido,
crece un jazmín
con sus raíces en mis huesos descansados.
El tiempo es un herrero sin experiencia.
Muchas veces se la compara, con gravedad, espacio y materia.
Ese tal Einstein era propenso a tener tuercas y tornillos en su escritorio para calmar sus nervios mientras pensaba el universo.
No es preciso ya hacer tantas preguntas sobre el tema. El tío...
Un tronco embelesa el ajado bronce
que añora la sangre evaporada tensando la red.
Estructura infalible cuesta en vertical.
Me conozco en furias ilesas y
arropadas por la popa espumada.
Sigo el mapa o brújula que no entiende razones;
solo dibuja faros en el ancla arrollada de mi estirpe.
El árbol sueña erecto en
su heredad de esquina.
Arrastra, centenario, un alba herida
rozando plena las capas de su sabia.
Perrmanencia en el borde luminoso de la sombra;
asoma lúcido en su remanso de vereda, en su liturgia triste de testigo.
Estimado NUBE ATARDECER:
Agradezco tus consideraciones.
Lo más irónico es que a mí también me resulta enigmático lo que escribo.
Saludos desde Montevideo, Uruguay.
Spring: que bueno que mi texto haya sido útil para evocar los sentimientos y emociones que por lo general nos despiertan nuestras abuelitas con su sabiduría.
Gracias por tus lindos comentarios.
Saludos y bendiciones para ti también.
El agua de rosas crepitaba con el cavilar de los pasos de mi abuela.
Sus mohínes elegantes todo lo ordenaban a su modo.
El universo era fluido entonces, nadaba mi angustia hilvanada con la suya.
Desde el pasto miraba su falda presuntuosa de pérdidas y escarnios.
El agua de rosas dormía...
Llano estéril de Santa Ritas
encendido río
puñal de canoas,
desdeño de lo salobre
del perro que con el lomo parece perdonarse y
acompañar vaivenes.
El musgo pegajoso como tarde de boliche.
Desarraigo anclado surcando enredos;
usando redes y hojas que nada pescan.
Firme boina, red del vecino en...
Tira el dado el incauto que apuesta al amor. Siempre hay más que perder, no hay glamour ni casino.
Uno se anima en los parques llenos de estudiantes recostados en los árboles, besándose eternamente, pero es solo un instante deslizando hormonas
En las plazas y en los parques, a plena luz del...
Detrás del sueño prestado, dónde dormía junto a tí, aparece la aurora que todo lo esclarece.
Y juntos amanecemos, me llevas el café a la cama, ya sabés cómo me gusta.
El sueño creo que no era prestado. Ahora me estoy quemando con el cafecito que has traído entre tus manos.
Sería humilde y...
Es circular el azar que viene siempre igual
a sorprendernos de día
a cobijarnos de noche.
Es redondo el azar en su novedad ilegítima y
reluciente que nos ilustra en su malicia.
Es cuadrado a veces, al unir sus ángulos y formar sorpresas coherentes.
La rutina nos pertenece en nuestros sueños...
Te propasaste mansamente,
sin dejar de girar los hielos del Bourbon color jengibre.
Te hiciste sádico desde el sofá negro o hamaca o bergere.
Tu pelo, pálido testigos, azar en tramas negras que bebío mi espina dorsal.
Te propasaste sin esfuerzo, dulcemente, sin mover un músculo.
Así lo...
El agobio voluntario
arrabal de las muñecas con
los huesos del incienso
estuario sin calma.
Las magnéticas hojas sonriendo descalzas, un enredo sin nudo,
un exceso medido en kilos; en talla.
La luna como cuerpo, estallando en la esfera.
En la diversa lisura de tu cara
se visten los recuerdos...
Taciturno y dispuesto el viento
manipula el rigor de los días.
El viento impone sombras en su casa de respiros; escucha su propia lividez
de encuentros de mil años en segundos.
El viento descubre miseria, vida y
energía con su ira opulenta
su calma sedienta en polvo.
Él va descubriendo el...
Si eres capaz de entender el lenguaje
de un sospechoso amanecer
hablando en lenguas
con pruebas de lo intacto del ser.
Si puedes ser intacto en el lenguaje que amanece con sospechas sobre tu descompuesta nitidez;
si puedes ser nítido y dispuesto.,
Si tanto has decantado para llenarte, copa...
No hay animales en mi noche.
Voy atando arañas venenosas en largas cortinas de voile, anudando, con despojos de sombras.
Ilesas, volverán al acecho en cuanto me desprenda hacia el sol de mediodía.
No hay rastros de los gatos en mi noche.
Generalmente surcan azoteas empolvando empatía y
lamiendo...
De ya no irse nunca más
de eso se trata
de una cadencia de otra vida
en clave de parque risueño
al sur del sol
al amparo del cielo.
De estarse al aire, retoño de la tarde
y no marcharse nunca más
de eso se trata.
De no virar al ras de un otro suelo
ensimismado de extrañeza
de andarse aquí...
Distorsiona tu torso
tu almanaque
tu irredento tiempo pasado
en jardín viscoso que algodona la nada
con su arrugado aliento
volviendo todo desencuentro.
Estimado jaherus: agradezco mucho tus palabras y consideraciones tan positivas.
Estés más que bienvenido a mi rincón en el portal.
En breve leeré el escrito que citaste.
Saludos
Estimada spring: no sabes la alegría u ánimos que me provocas.
Es un placer que puedas leer mis textos.
Eres más que bienvenida.
Un saludo cordial desde Montevideo, Uruguay.
En cada vera se abre el camino
en las islas que navegan solas
redondas bellezas de verde zargazo
enredando sus cuerpos en un mar
que siglos atrás dejó de ser mediterráneo y
es isleño con s de soledad.
Isla mía yace evaporada anhelando una isla vecina, rubia flor de azahar
que diluvió sus azares...
En un cubo de comida para perro se huelen las heces del vecino que no tiene inodoro y me lo pide prestado.
Me pregunto por qué soy tan generoso.
Debería cobrarle al inútil ese cada vez que quiera cagar en mi apartamento del Brooklyn.
Supongo que le gusta la vista desde el piso hacia los...
Al alba se saludan sudorosos ciertos vecinos puesteros, algo peculiares, del mercado atiborrado y altivo; ese que es dueño de frutas y especias.
De un lado se ven melones, duraznos, sandías, naranjas, endivias y alcachofas. Del otro, el dueño del puesto decide vender aire. Nada se ve en sus...
Dispuesta la ola embarcada en hilos de coral expandidos, unen la barca al mar, uno de siete colores.
No se acuesta el horizonte con el alba enlentecida; se pierde la brújula entre los pescados que ahumaremos en la cueva de murciélagos.
Un mar de ardientes matices, la barca oxidada, el canto...
En los barrios y arrabales
los vecinos no disponen de mínimas condiciones y no abundan las opciones.
Sus techos fríos de chapa se inundan en días de lluvia.
Es un lugar poco humano; aunque trabajen como animales, las madres se quedan solas siempre a cargo de sus hijos.
Los hombres se...
Por el momento no recuerdo en qué lugar dejé mis zapatos debajo de la cama. Sé que remotamente vigilan mis pasos descontentos con su propia desnudez. Eso sería el regocijo fresco de los pies.
En cuanto aparece Venus en algún plano de cielo, salen del exilio a perseguirme. Sin embargo, por el...
Mi especie de tus entrañas se agolpa,
de tus gestiones se empolva, barniza
acontece, saluda, se huracana.
Perteneces al conjuro por dentro
milimétrico que nos apaña.
Sabes secretos, enredo de mar en zargazos.
Sumergido
acometido
te deliramos
amontonados hasta el hartazgo
sabemos, como puentes...