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Volver al jardín,
al jazmín aferrado al pozo y volver
a intentar sacar el agua
que me quitaba la sed.
Volver a aquellas tardes
de estío, áridas, largas
como el vuelo de una cigüeña.
Volver sería sentarme
sobre la silla de mi infancia
y comprobar que mis piernas son ya
demasiado largas
y mi...
La vida nos llleva por el camino que muy describes, sin dejar la tensión en cada estrofa y con el ritmo corto y rápido que exige el día a día. Un abrazo
Has dejado la ventana abierta,
has dejado que se refresque la estancia,
la luz encendida aún.
Es temprano y se demora la mañana,
en silencio apresurado te preparas,
crees que nadie te observa,
pero yo, desde el banco congelado del parque,
bailo a los restos de la luna
y veo tu lámpara encendida...
Imágenes interesantes, que me recuerdan a los poetas y al estilo del 27. Estupendo poema, como siempre. Este me gusta de forma especial, sobre todo el cierre que le das. Un abrazo
No sé de dónde eres, pero está claro, no obstante, que se puede trasladar tu poema a muchos lugares del mundo, incluso a esos que parecen tranquilos y en paz. Es todo mentira, no existe esa paz que nos vende la televisión. Excelente poema. Un abrazo
Si pudiera detener la noche,
dejarla descansar entre mis dedos
y que me dijera por qué
guardo los globos de un fiesta
que nunca celebré,
por qué he perdido todos los lápices
pero conservo un sacapuntas oxidado.
Si pudiera entender de qué huyo
cuando me encierro en el baño
para contemplar las...
Daría un trozo de mi vida,
piel pegada a la luz
amarilla de invierno.
Daría un tramo de venas,
como una carretera inundada,
donde se puede navegar alegre.
Daría los golpes del tambor,
que sacuden mi pecho
al compás de los ríos llenos de vida
a ti, soledad, compañera.
Cuando yo digo sí, tú dices no
Cuando tú dices no, yo digo si
Cuando me dices que soy feliz
Miro con tristeza el invierno.
Tú me preguntas por mis sueños
Yo te pregunto por tus miedos
Tú me contestas con alegría
Yo respondo con fantasías
Tú quieres ir a la montaña
Yo quiero perderme en...
Dime tu quién fui,
ya no me acuerdo.
Pon tu mano sobre mí,
dame tu memoria.
Toca mi pelo
como si fuera una flor.
No olvides mi nombre,
ponle un lazo a mi corazón.
Cuéntame dónde vivimos
y pon rosas en nuestro balcón.
Cura mis heridas
con aquella canción de amor.
Cántame la melodía de nuevo...
Gracias Ramón, ya sabes que Hecate es una diosa de la luna, me gustó plantear una luna y su diosa herida por la cazadora Diana. Pero está sujeto a lo que quieras ver. Un abrazo
Hecate cerró la verja,
el sonido seco se olía
en el aire de mayo.
No se oyó el disparo de Diana
a bocajarro, sobre sus manos.
La calle se agitó al sentir
el tacto de sus sandalias desnudas.
No se vio la sangre caer por el balcón.
Con la frente muda,
buscando guirnaldas de luz
Hecate caminó...
Donde se unen los vientos,
donde se confunden las tierras,
donde los ángulos de la mente se perfilan,
donde el pájaro rojo de la vida se escapa,
donde la muerte se escala como una cumbre,
allí permanecen mis palabras,
mis huellas de ausencia,
allí me pliego y puedo ser una única gota
en el océano.
Menos mal que hay comas, casi muero buscando un punto. Composición interesante que hace que el poema tome una intensidad extrema. Sólo con una condicional introduces el concepto del placer. Me gustó mucho.