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Terminé el libro con la ventana abierta de mi cuarto. Y recuerdo el brusco golpe del viento entrando: fresco, seco y nocturno… ¿eras tú? O venía de visita, tal vez para depurarme, sacudir la tierra del escritorio y tambalear los cuadros de mi pared y decirme que lo único que tengo en ese momento...
Tus mensajes danzan mi sentimiento. Desahogan el tumulto justo del centro de mi pecho.
¿Qué tantas cosas se querrán manifestar desde ese rincón? Y tu tan aventurera con linterna, no me dejas opción.
Intuyo que la espera es longeva, pero mi virtud es la paciencia y no la coherencia. Porque...