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El invierno llegó sin preguntar,
las noches se hicieron más largas y frías,
y ahí sigue tu abrigo, sobre mi silla,
como un fantasma que no se quiere marchar.
Aún guarda el aroma de aquella despedida,
las sombras de risas que fueron vividas en el ayer,
pero ahora es solo un testigo silencioso...