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Al decir que te amaba
mi cerebro atolondrado
no captó lo que mi corazón decía,
corazón y cerebro, no estaban en la misma sintonía;
ante la reflexión del ser que ama
que convierte la razón en armonía,
transforma eterno el instante
con tu vida en la mía.
Deja tu mente en blanco,
deja que el mar se expanda,
deja la puerta abierta,
deja tocar tu alma.
Deja la luna nueva,
deja tu día a día,
deja morder tus labios,
deja sentirte mía.
Deja tu cuerpo vibre,
deja libre tu espalda,
deja acercarte al cielo,
deja vivir tu calma.
Deja las hojas crujan...
Mi mente errante crea mil imágenes de ti;
el presente destruido por la ilusión sin vivir,
con el futuro incierto de una obra sin concluir
y el dolor del silencio de un amor sin compartir.
Eres mía por derecho divino,
ése que tengo por compartir el tiempo-espacio contigo;
eres mía por destino,
sin razón, lógica o sentido;
eres mía para siempre,
porque estarás en la eternidad conmigo.
Deja sentirte suave y tranquila,
explorando cada poro de tu piel;
transforma mi mundo en perfecto
sin promesas o ilusiones por cumplir;
tu latido que inunda mi cuerpo
construye una imagen sin fin;
la inmensidad resulta pequeña
porque permaneces aquí,
mientras el aliento que expiras...