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Tengo un par de versos en tu cuello,
y el tiritar de las estrellas de Neruda.
Tengo la tinta de tus besos escribiendo canciones en mi boca.
Tengo tatuadas en mis dedos las métricas perfectas,
y puedo contar el infinito con ellas.
Tengo las estrofas innombrables que no dejan de nombrarte cuando...
Miénteme, como la última vez que afilaste tu sonrisa, miénteme.
Miente con finura y con encanto, pero por favor, miénteme a mí.
Y cuando lo hagas, no olvides que te escucho, que te creo con párpados cercos y labios defensores, por encima de las verdades necias de las personas que no son tú.
Y...
Desátame los pies, que me gustan los aromas y la fragancia de aire fresco.
Desátame los pies, te dije, que aprietas más que el tiempo a mis arrugas.
Desátame los pies, que necesito poder andar descalzo y saborear el terciopelo.
Pero luego, cuando anochece, y suena que ahí afuera hace frío...
Me gustaría enredarme entre sus piernas,
callejear entre sus delirios,
llamar a la puerta de sus ventanas
y que me contestaran seres que desconozco.
Por lo pronto, creo saber la puerta que hay que abrir,
y doy golpes con troncos de acero,
sin entender, que hace falta una llave,
como si...
Tu pelo, delante de mi,
Mi pecho, llamando a la puerta.
Es ella.
Me peino, me abrocho la camisa y voy con paso firme.
“Haz como si no la hubieras visto”, me digo
Camino,
Camino despacio,
Camino demasiado,
Paso de largo,
Me doy media vuelta,
Otra vez
Tu pelo
Tu suave melena
Tus caricias...
Salir tarde del trabajo, para perder el bus a casa, y tener que dejar mis huellas en el asfalto. Por lo pronto, me entretengo.
Me encuentro con un charco, lo salto, piso por segunda vez la luna, y se aproxima, una salpicadura en los zapatos, una mancha en la retina, y una infancia adormilada...
Todo versa, habla, tiene la misma melodía
yo me callo, el silencio, puede ser la mejor terapia
y entre gritos, entre sordos poemas no se escucha
el murmullo del agua, balido de ovejas, la piedra cayendo ladera abajo.
Igual tengo que empezar a gritar desde lo alto,
blasfemar, reprender la ira, y...
Difiero claramente de la realidad descafeinada del precipicio
Desde arriba es todo tan pequeño, tan abstracto, tan difuso
Que un mero salto no haría más que disipar las dudas
Y permitir que el paisaje, al acercarse, se viera con una precisión,
paradójica...
Me siento en el banco a buscarte, me quejo, en fin, la vida,
siempre ha sido dura.
Enfrente hay una chica dándole de comer a las palomas, yo, prefiero irme,
las chicas, ya no son para mí.
Ha pasado un rato, mi banco, ya no es mi banco, vaya suerte, las migas...